Los molinos harineros constituyeron una infraestructura esencial en la economía tradicional de los municipios del Valle del Almanzora, al posibilitar la transformación del grano en harina, materia prima indispensable para la elaboración de los principales alimentos de subsistencia. Hasta fechas relativamente recientes, estos ingenios hidráulicos sostuvieron buena parte de la base alimentaria de la población. El presente artículo historiográfico aborda de manera detallada la evolución histórica y las particularidades constructivas y funcionales de los molinos hidráulicos localizados en el término municipal de Armuña de Almanzora.
| Molinos harineros y almazaras de la Comarca del Almanzora |
| Los molinos hidráulicos de Tíjola | Los molinos hidráulicos y de aceite de Bayarque | Los molinos hidráulicos de Lúcar |
Características generales y funcionamiento de un molino
Una vez apartado del curso principal, el agua caía por la acequia del molino (también denominada caz) y transmitía la energía hidráulica a la aceña. En los molinos de cubo, el agua circulaba por la acequia hasta precipitarse con fuerza a través de aquel, impulsando el mecanismo. En los molinos de acequia, la canalización debía presentar la pendiente adecuada para garantizar la presión suficiente. En los molinos de balsa, por su parte, el flujo se liberaba mediante un tablón que permitía su descenso a lo largo de una acequia con cierta pendiente, alcanzando con energía la maquinaria del molino.
El agua caía finalmente en una trampa que accionaba el rodete o rodezno, situado en la parte inferior del edificio, en un espacio abovedado denominado cárcavo. Este movimiento hacía girar la piedra volandera o superior sobre su eje. El grano, vertido desde la tolva, descendía hasta el empiedro, donde era triturado entre la piedra volandera, en movimiento, y la piedra solera o inferior, fija, obteniéndose así la harina.
A diferencia de los molinos hidráulicos, la ubicación de las almazaras o molinos de aceite no obedecía a criterios tan restrictivos, ya que no dependían de la presencia de un curso de agua. Su funcionamiento, además, resultaba más sencillo. Por lo general, se utilizaba un motor de sangre, es decir, la fuerza de un animal de tiro, para mover las piedras encargadas de triturar las aceitunas. Una vez obtenida la pasta de aceituna, esta se depositaba en unas espuertas denominadas cofines o capachos, que se colocaban posteriormente en una prensa. Mediante la presión ejercida, se separaba el aceite del resto de componentes sólidos y líquidos, completando así el proceso de extracción.
Los hornos de pan cocer
El horno de pan cocer era una instalación doméstica puesta a disposición de la comunidad, en la cual cualquier particular podía cocer el pan previamente amasado (Garrido Jorquera, 2017: 427).
En Armuña de Almanzora, el Catastro de Ensenada documenta en 1751 la existencia de un casa-horno de pan cocer propiedad del marqués de Ariza. El inmueble, de nueve varas de fachada y doce de fondo, con un cuarto alto y dos bajos, tenía una utilidad anual regulada de 66 reales de vellón. Asimismo, figura Pedro García como hornero. La utilidad anual de este oficio fue regulada en 400 reales de vellón en las Respuestas Generales, cifra que coincide con la recogida en los Estados del Catastro (AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758).
En cuanto a la valoración del horno como inmueble, las distintas piezas de la documentación ofrecen cifras diferentes. En los Estados se consignan 66 reales de vellón como utilidad del horno de pan cocer, cantidad que coincide con la certificación de Antonio Miguel de Medina sobre las posesiones del marqués de Ariza, donde se registra el horno con dicha cifra declarada. Esta cifra contrasta con los 165 reales de vellón y 15 maravedís declarados para el edificio en las Respuestas Particulares (AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758).
En 1911, el horno existente en el pueblo pertenecía a Matilde Rodríguez; en 1917, a Juan Liria Avellaneda; y en 1934, a José Rueda Molinero (Riera Somalich, 1911: 358; Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1917: 3; Anuario industrial y artístico de España, 1934: 218).
En sus últimos años de actividad, el horno perteneció a Antonio Guerrero Arenas y María Antonia Egea Ruiz. Se estima que dejó de funcionar a principios de los años setenta, ya que, según Mª Luisa Galo, en 1969 aún continuaba activo (Galo Encinas, 2026).
Los molinos y almazaras de Armuña de Almanzora
El Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña de Almanzora menciona, para finales del siglo XVI, la existencia de tres molinos de moler pan pertenecientes a moriscos, todos ellos en funcionamiento. La documentación señala que dos de estos molinos estaban sujetos a censo en favor del señor de la villa, mientras que el tercero lo estaba en favor de la Iglesia (ARCHG, Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña, 1571-1584).
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Archivo de la Real Chancillería de Granada. Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña (1571-1584)
Tiene la dicha villa tres molinos de moler pan de moriscos están molientes e corrientes e uviese dos de ellos tenía censo el s[e]nor de la dicha villa e uviese uno tenía censo la Yglesia |
A mediados del siglo XVIII, Armuña de Almanzora contaba con dos molinos harineros y una almazara (AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751).
| Molinos y molineros de Armuña de Almanzora a mediados del siglo XVIII | |||
| Molino | Empiedros | Propietario | Molineros |
| Molino del Puntal | 1 | Capellanía de Francisco Sánchez y, posteriormente, la de Juan Bermúdez, clérigos de menores órdenes de Tíjola. | Juan del Pozo (arrendatario y molinero) y Manuel Martínez (oficial de molinero), vecinos de Armuña. |
| Molino de Padules | 1 | Juan Miguel de Almansa, vecino de Vera residente en Purchena. | Francisco Nieto, vecino de Armuña (arrendatario y molinero). |
| Almazara de Armuña | 1 |
Joaquín Felipe Antonio Ximénez de Palafox y Centurión de Córdoba, VI marqués de Ariza.
Antonio Miguel de Medina (administrador). |
El arrendatario de la almazara solía ser forastero.
Juan Andrés Ruiz, vecino de Armuña (molinero de aceite). |
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Notas La utilidad anual regulada para el molino harinero del estamento eclesiástico era de 286 reales de vellón. La utilidad anual regulada para la aceña del estado secular era de 308 reales de vellón y 10 maravedís (198 reales de vellón en el término de Armuña y 110 reales de vellón y 10 maravedís en la parte perteneciente a Purchena) y la de la almazara era de 150 reales de vellón. En cuanto a los puestos de trabajo respecta, las utilidades reguladas eran las siguientes: 1.164 reales de vellón para el molinero de Padules (1.000 en el término de Armuña y 164 en el de Purchena), 500 reales de vellón para el molinero de la aceña del Puntal, 300 reales de vellón para el oficial del molino del Puntal y el de la almazara y 500 reales de vellón para el molinero de aceite. |
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| Referencias: AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1752 | |||
| Molineros y propietarios de molinos harineros identificados en Armuña de Almanzora a finales del siglo XIX | ||
| Año | Propietarios | Molineros |
| 1885 | — | Mariano Fernández, Luis Guerrero y José Molina. |
| 1894 | Catalina Casanova Navarro (Marquesa de Almanzora y Condesa de Algaida). | Felipe Bonillo y Francisco Lozano. |
| Referencias: Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, 1885: 616; Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, 1894: 808 | ||
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Molineros y propietarios de molinos harineros identificados en Armuña de Almanzora durante el primer tercio del siglo XX |
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| Año | Propietarios | Molineros |
| 1903 | Catalina Casanova Navarro (Marquesa de Almanzora y Condesa de Algaida). | Felipe Bonillo y Francisco Lozano. |
| 1906 | — | José Arenas Cruz (el maestro Arenas) y Felipe Bonillo. |
| 1911 | — | Antonio Pérez, Diego Ramos y Felipe Rodríguez. |
| 1917 | — | Ramón Pelayo Belmonte (molino de Chaulena), José Martínez Juárez (molino de Padules), Juan Corral Resina y Juan Liria Avellaneda (molino del Gadil). |
| 1925 | — | Antonio Carrión Rueda, Pedro Pérez y Leonardo Rodríguez. |
| 1929 | — | Antonio Martínez y Ramón Martínez. |
| 1931 | — | Antonio Martínez y Ramón Martínez. |
| 1932 | — | Antonio Carrión Rueda y Juan Capel Castilleja. |
| 1934 | — | Antonio Martínez y Ramón Martínez. |
| Referencias: Anuario de Almería, 1925: 402; Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, 1903: 813; Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, 1906: 935; Anuario industrial y artístico de España, 1929: 147; Anuario industrial y artístico de España, 1931: 221; Anuario industrial y artístico de España, 1934: 218; Anuario regional descriptivo, informativo y seleccionado de la industria, comercio, agricultura, profesiones, arte y turismo de la región de Andalucía y Norte español de África, 1932: 35; Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1917: 3; Riera Solanich, 1911: 358 | ||
A continuación, se analiza con mayor detalle la evolución de cada una de estas industrias.
El molino de Padules se situaba en la margen derecha del río Almanzora, al norte del cerro de La Muela y unos metros por debajo del cortijo de la Huerta o del Tío Patricio. Se abastecía de agua de la Fuente de Padules mediante un curso de agua que discurría entre esta y el río Almanzora y que, en la cartografía histórica, aparece denominado como “arroyo de la Fuente de Padules”. El molino se localizaba aproximadamente en el tramo intermedio de este curso de agua (Instituto Geográfico y Estadístico, 1897; Madoz, 1845: 579).
El curso de agua que discurría entre la fuente y el río Almanzora y en cuyo punto intermedio se ubicaba la aceña se denominaba “arroyo de la Fuente de los Padules” (Instituto Geográfico y Estadístico, 1897).
Datación
Evolución histórica
A mediados del siglo XVIII, este molino harinero de una piedra estaba situado en la divisoria entre los términos de Armuña y Purchena y pertenecía por aquellos entonces a Juan Miguel de Almansa, vecino de Vera residente en Purchena, y estaba arrendado a Francisco Nieto, vecino de Armuña (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1752; AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751; AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1752).
Las Respuestas Particulares del Catastro de Ensenada de ambos términos permiten comparar la utilidad regulada y el importe del arrendamiento correspondientes a cada una de las partes del molino de Padules. Mientras que la mitad correspondiente al término de Armuña tenía una utilidad regulada de 18 ducados, equivalentes a 198 reales de vellón y 18 maravedís, y estaba arrendada por 18 fanegas de trigo, la parte correspondiente al término de Purchena tenía una utilidad regulada de 10 ducados (110 reales de vellón y 10 maravedís) y estaba arrendada por 7 fanegas de trigo (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1752).
La actividad de molienda de la aceña se estima que cesó durante el primer tercio del siglo XX, a partir de las fuentes documentales y cartográficas disponibles. El Anuario de Almería de 1925 todavía registra el molino, mientras que los anuarios posteriores ya no lo incluyen entre las instalaciones molineras en funcionamiento. Por su parte, el mapa del Instituto Geográfico y Estadístico de 1931 todavía representa el molino, mientras que en los Vuelos Americanos, Series A y B, ya no se aprecia el edificio, lo que permite considerar que para mediados del siglo XX este había desaparecido. Una posible explicación para el cese de la actividad del molino de Padules y su posterior desaparición podría encontrarse en la riada de 1924, que pudo haber causado daños de consideración en la instalación. No obstante, por el momento no se ha localizado documentación que permita establecer una relación directa entre este episodio y la desaparición del molino (Anuario de Almería, 1925: 402; Anuario industrial y artístico de España, 1929: 147; Anuario industrial y artístico de España, 1931: 221; Anuario regional descriptivo, informativo y seleccionado de la industria, comercio, agricultura, profesiones, arte y turismo de la región de Andalucía y Norte español de África, 1932: 35; Anuario industrial y artístico de España, 1934: 218; Instituto Geográfico y Estadístico, 1931; CECAF, 1946; CECAF, 1956).
A partir de esta estimación, el molino de Padules habría sido el segundo molino harinero de Armuña de Almanzora en cesar su actividad. Su último propietario conocido fue Patricio Víctor Sánchez, “el Tío Patricio”.
Estado de conservación
Malo. Los restos del molino fueron localizados el 17 de abril de 2025 durante una expedición de la Sociedad de Estudios Históricos “María Navarro Encinas”. Se conservan los arranques de varios muros de mampostería, uno de ellos con restos de revestimiento de mortero de cal en uno de sus paramentos, así como vestigios de un pavimento formado por baldosas de barro cocido, de formato similar al de un ladrillo.
Datación
Las primeras referencias documentales localizadas sobre el molino del Puntal se remontan a la época de la Repoblación, en la segunda mitad del siglo XVI. El Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña ofrece diversas referencias indirectas que permiten situar la existencia de esta instalación en ese momento. Así, entre las suertes adjudicadas a Sebastián de Llerena, repoblador natural de Lorca (Murcia), una de las parcelas, situada en el pago de Chaulena, tiene entre sus linderos la acequia que baja del molino. Asimismo, una de las tierras incluidas entre las suertes de hacienda adjudicadas a Alonso García, repoblador natural de Quintanar de la Orden (Toledo), hace referencia al molino y al pago de Chaulena, mientras que una de las parcelas pertenecientes a Bartolomé Sánchez, repoblador natural de Hornos (Jaén), menciona la acequia del molino y el camino que iba a Purchena. En conjunto, estas referencias permiten documentar la existencia del molino del Puntal durante la segunda mitad del siglo XVI (ARCHG, Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña, 1571-1584). Las referencias posteriores recogidas en el Catastro de Ensenada permiten precisar su localización y la configuración de su entorno inmediato. En la documentación de mediados del siglo XVIII aparecen mencionados el pago de los Huertos, el pago del Molino y la acequia del Molino, así como el pago de Chaulena y diversas tierras regadas por la Acequia del Gadil. La concentración de estas referencias en un mismo espacio y su relación con las tierras de cultivo y las infraestructuras hidráulicas permiten afinar la identificación del emplazamiento del molino y establecer una correspondencia entre el espacio documentado en el siglo XVI y el registrado en el Catastro de Ensenada (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758).
En cuanto a la datación del edificio del molino, la documentación permite establecer que originalmente estaba constituido por una construcción de planta baja, distribuida en dos habitaciones. Posteriormente se le añadiría una planta superior, destinada a vivienda del molinero. Esta transformación, junto con las características arquitectónicas que presenta actualmente el inmueble, permite situar de manera aproximada la configuración conservada del edificio en el siglo XIX (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758).
A mediados del siglo XVIII, este molino harinero de una piedra pertenecía a la capellanía de Francisco Sánchez, clérigo de menores órdenes de Tíjola. Posteriormente, la propiedad pasaría al clérigo de menores órdenes Juan Bermúdez. En este periodo, el molino estaba arrendado al molinero Juan del Pozo por 13 fanegas de trigo, quien tenía como oficial a Manuel Martínez (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758; AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751).
El molino del Tío Azor debió de cesar su actividad en una fecha comprendida entre 1897 y 1911. El molino todavía aparece representado en la cartografía del Instituto Geográfico y Estadístico de 1897, mientras que en la documentación posterior no encontramos ningún indicio de su actividad (Instituto Geográfico y Estadístico, 1897; Riera Solanich, 1911: 358; Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1917: 3). A partir de estos datos, puede considerarse que el molino del Puntal fue probablemente la primera aceña de Armuña de Almanzora en cesar su actividad de molienda.
Su último propietario conocido fue Francisco Azor Membrive, “el Tío Azor”, apodo del que tomó su denominación el molino (Yélamos González, 2020).
Según las fuentes orales, a finales de la década de los cincuenta o comienzos de la de los sesenta el agua todavía circulaba por debajo de la aceña, aunque sus mecanismos ya no se encontraban en funcionamiento (Yélamos González, 2020). Este testimonio indica que, pese a llevar varias décadas inactivo, parte de la infraestructura hidráulica del molino se mantenía todavía en condiciones que permitían la circulación del agua.
A comienzos de la década de los ochenta se añadió al edificio una estructura construida con ladrillo, cemento y hormigón. Posteriormente, el inmueble fue reconvertido en vivienda, proceso durante el cual perdió buena parte de sus elementos vinculados a la actividad molinera, entre ellos gran parte del cubo y la maquinaria (IGN, 1977; IECA, 1980; IGN, 1985).
Datación
La construcción del molino puede situarse, de manera aproximada, entre mediados del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. No se ha localizado ninguna referencia a esta instalación ni en el Libro de Apeo y Repartimiento ni en el Catastro de Ensenada, mientras que Pascual Madoz ya documenta en 1845 la existencia de cuatro molinos harineros en Armuña de Almanzora. Asimismo, el molino aparece representado en las planimetrías del proyecto de la carretera de Baza a Huércal-Overa, aunque en ellas no figura expresamente la leyenda “molino”, a diferencia de lo que ocurre con los molinos del Puntal y del Gadil. También aparece en el mapa del término municipal de Armuña de Almanzora elaborado por el Instituto Geográfico y Estadístico en 1897. En consecuencia, aunque no es posible establecer una fecha exacta de construcción, la documentación disponible permite situar su origen en el intervalo temporal mencionado (ARCHG, Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña, 1571-1584; AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758; Madoz, 1845: 579; De Escurdia, 1869; Instituto Geográfico y Estadístico, 1897).
Evolución histórica
En 1917 el molino era propiedad de Ramón Pelayo Belmonte (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1917: 3).
Posteriormente, quedó inscrito en el registro del Servicio Nacional del Trigo como molino de trigo n.º 428 (Boletín Oficial del Estado, 1959: 7159).
Su último propietario conocido durante el periodo de actividad fue Manuel Lorente Cañabate, mientras que el último molinero fue Antonio Lorente Medina, quien estuvo al frente de la aceña desde 1959 hasta su clausura, hacia 1964-1965. Tras el cierre del molino, Antonio Lorente se trasladó a Armuña, donde abrió un establecimiento en el Mentidero conocido popularmente como “el bar del Lorente”. Los terrenos en los que se encontraba la aceña pasaron posteriormente a pertenecer a Pedro Belmonte Marín. Las inundaciones de octubre de 1973 afectaron gravemente a la estructura del molino, quedando el cárcavo colmatado de sedimentos del río y derrumbándose parte del edificio. Finalmente, el inmueble fue demolido a principios de los años ochenta (Boletín Oficial del Estado, 1959: 7159; ; Del Bas, 1980; Encinas Encinas, 2012; IGN, 1977; IGN, 1985; Reche Martínez, 2026; Yélamos González, 2020).
Actualmente, del molino únicamente se conserva un tramo de muro sobre el que se apoya un pequeño almacén destinado a guardar aperos agrícolas, construido en la década de los ochenta, así como los arranques de algunas paredes dispersos por el bancal que hay en el solar donde estaba el molino.
Los testimonios orales recopilados aportan información de interés tanto sobre el funcionamiento del molino como sobre las personas vinculadas a él. Carmen Yélamos recuerda que, cuando era pequeña, le daba miedo asomarse al cárcavo del molino. Placidia Martínez, por su parte, recuerda a la tía María procesando la harina con los cedazos y vertiendo el grano en la tolva (Yélamos González, 2020; Martínez Gallego, 2020).
Francisco Reche describe el proceso de picado de las piedras de moler, una labor necesaria para evitar que la harina se calentara y saliera quemada. Asimismo, señala que José Avellaneda Sola era el encargado de transportar en burro la harina desde el molino de Chaulena hasta los lugares donde era necesaria. Tras el cierre de la aceña, José pasó a trabajar en la uva, transportando cajas de granuja en el almacén situado en el lugar donde posteriormente se instalaría la carpintería del Palmeras (Reche Martínez, 2026).
Datación
La referencia documental más antigua localizada sobre este molino se encuentra en el Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña, donde aparece mencionado entre las tierras incluidas en las suertes adjudicadas a Pedro Carrizo el Viejo. Al describir una parcela situada en el pago del Gadil, el documento señala: Diosele en el pago de el Gadir media fanega de tierra de riego en bancal de Luis Camara e un huerto que tiene quatro morales y otros arvoles frutales. Criaran los morales una honza de cría de seda. Alindan con el molino que está en el acequia principal de el Gadir e con el río e con suerte de Lucas Muñoz (ARCHG, Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña, 1571-1584).
Esta referencia permite documentar la existencia del molino durante la segunda mitad del siglo XVI y, además, aporta información sobre su localización, al situarlo junto a la acequia madre del Gadil y el río Almanzora. Sin embargo, su continuidad posterior parece haberse visto interrumpida. Bernard Vincent señala que en 1593, unos años después de la Rebelión de las Alpujarras, no constaba ningún molino harinero activo en Armuña. Asimismo, el Catastro de Ensenada de mediados del siglo XVIII no menciona la existencia ni el funcionamiento de esta instalación. Por el contrario, Pascual Madoz documenta en 1845 la existencia de cuatro molinos harineros activos en Armuña de Almanzora, entre los que posiblemente se encontraba de nuevo el molino del Gadil. Esta secuencia documental permite plantear como hipótesis que el molino cesara su actividad tras la Rebelión de las Alpujarras y el posterior desplazamiento de la población morisca de Armuña, y que posteriormente fuera rehabilitado y puesto de nuevo en funcionamiento. No obstante, la documentación localizada hasta el momento no permite establecer con precisión cuándo se produjo dicha interrupción ni cuándo tuvo lugar su posterior recuperación (ARCHG, Libro de Apeo y Repartimiento de Armuña, 1571-1584; AHPGR, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRPP, 1751-1758; Madoz, 1845: 579; Vincent, 1989: CV-CVII).
Evolución histórica
Perteneció a Antonio y Luisa, los padres de Ramón “el Molinero” (Yélamos González, 2020). A principios de los años sesenta, la aceña, dotada de un único empiedro, todavía se encontraba en funcionamiento (Instituto Nacional de Estadística, 1965: 291).
Estado de conservación
En la actualidad, los únicos elementos originales del molino que se conservan son parte de su cubierta y las dos piedras de moler, la solera y la volandera, que fueron reutilizadas en la construcción de un cortijo levantado sobre el solar de la antigua aceña durante la década de los años noventa (IGN, 1985; SIGPAC, 1997-2003).
Las dos piedras se encuentran actualmente integradas en el muro de cierre de la parcela del cortijo. En sus caras de trabajo todavía se conservan las muescas o estrías realizadas para favorecer la trituración del grano, así como las inscripciones del fabricante en una de ellas. Las muelas fueron fabricadas en La Ferté-sous-Jouarre (Francia) por la Grande Société Meulière, cuyo representante en España era Antonio Rivière, establecido en Madrid. La denominación de la sociedad que figura en las inscripciones permite establecer una cronología aproximada para estas piezas: fueron fabricadas entre 1883 y 1911, año en que la empresa pasó a denominarse Grande Société Meulière Dupetit et Orsel (Fédération Française des Associations de Sauvegarde des Moulins, s./f.).
La presencia de estas muelas permite plantear que la maquinaria del molino fue renovada en algún momento de su periodo de actividad, probablemente a finales del siglo XIX o comienzos del XX. No obstante, la documentación disponible no permite determinar con precisión cuándo se produjo esta renovación ni si estuvo acompañada de otras modificaciones en la instalación.
Se desconoce cuándo cesó su actividad. La documentación disponible permite constatar, sin embargo, la existencia posterior de otra almazara, conocida como la almazara del Tío Azor, que será objeto del siguiente epígrafe.
La almazara del Tío Azor se encontraba situada en el paraje de El Pozo, a mano izquierda del camino homónimo en dirección a la rambla de Cela, junto a una alameda y varios bancales de olivos.
Fue construida por Antonio Azor Garrido, natural de Cúllar (Granada), cuya familia se encontraba establecida en Armuña de Almanzora a comienzos del siglo XX. Esta familia también era propietaria por entonces del molino del Puntal. Posteriormente, la propiedad de la almazara pasó a manos de su hijo, Francisco Azor Membrive (AHPAL, Padrón de Cédulas Personales de Armuña, 1924; Yélamos González, 2020).
En 1925, el Anuario de Almería (1925: 402) recoge a Juan Saldaña como cosechero de aceite de Armuña de Almanzora.
La almazara permaneció en funcionamiento hasta bien avanzado el siglo XX y fue clausurada hacia 1966-1967, según los testimonios orales recopilados. Tras su cierre, los vecinos de Armuña llevaban la aceituna en burro hasta la almazara de Relente, situada en el término de Tíjola (Martínez Gallego, 2020; Yélamos González, 2020).El edificio continuó en pie después de su clausura, aunque experimentó diversas transformaciones y un progresivo deterioro. La fotografía aérea del Vuelo Americano Serie B todavía muestra la cubierta completa de la construcción, mientras que en las fotografías posteriores se aprecia que la parte del edificio destinada a la extracción de aceite había perdido el tejado. En la década de los noventa, esta parte de la construcción presentaba ya un avanzado estado de deterioro (CECAF, 1956; IGN, 1977; IGN, 1985; SIGPAC, 1997-2003).
En sus últimos años de existencia, el edificio se conservaba parcialmente arruinado y presentaba evidencias de reparaciones y transformaciones realizadas durante la segunda mitad del siglo XX. En su interior todavía se conservaban el empiedro, formado por una piedra de forma troncocónica, y la prensa.
La almazara resultó gravemente afectada por las inundaciones del 29 de octubre de 2024 y finalmente fue demolida a comienzos de 2025.
Los testimonios orales recopilados aportan también información sobre el funcionamiento de la instalación y sobre las prácticas tradicionales relacionadas con la elaboración del aceite. Carmen Yélamos González recuerda sus visitas a la almazara durante su infancia y describe cómo su suegro preparaba los cofines (capachos) para introducirlos en la prensa. Asimismo, recuerda que, una vez extraído el aceite de la aceituna previamente triturada en la piedra, se tostaba pan en la lumbre, se le restregaba un ajo y se mojaba en el aceite recién obtenido (Yélamos González, 2020).
El estudio de los molinos harineros y las almazaras de Armuña de Almanzora permite reconstruir la evolución de las principales instalaciones tradicionales destinadas a la transformación de productos agrícolas en el municipio. Las primeras referencias documentales se remontan a la segunda mitad del siglo XVI, cuando existían tres molinos harineros en funcionamiento. Su desaparición tras la sublevación morisca de 1568 refleja, en el ámbito local, la crisis que afectó al sistema hidráulico y productivo del antiguo Reino de Granada.
La actividad se recuperó durante los siglos posteriores. A mediados del XVIII se documentan dos molinos harineros, una almazara y un horno de pan cocer, mientras que durante el siglo XIX la molinería alcanzó su máximo desarrollo, con cuatro molinos harineros y una almazara. Estas instalaciones estuvieron estrechamente vinculadas al aprovechamiento de las aguas del río Almanzora y de su red de acequias, cimbras y conducciones, y constituyeron elementos fundamentales de la economía y del abastecimiento tradicional de la población.
Sin embargo, el estado actual de los inmuebles vinculados a estas actividades es muy deficiente. El molino de Padules desapareció a comienzos del siglo XX, mientras que los de Chaulena y el Gadil fueron demolidos en época reciente. En la actualidad, el único edificio de un antiguo molino hidráulico que se conserva en su totalidad es el del Puntal, aunque presenta importantes transformaciones en su morfología. La pérdida de estos inmuebles pone de manifiesto la fragilidad de este patrimonio y la necesidad de documentar y proteger los vestigios que aún permanecen.
Especialmente significativa resulta la desaparición de la almazara del Tío Azor, que conservaba parte de sus elementos y maquinaria y presentaba, por ello, un elevado potencial para su conservación y puesta en valor. Su mantenimiento habría ofrecido la posibilidad de crear en Armuña de Almanzora un espacio museístico de carácter etnográfico dedicado a la molinería y a la producción tradicional de aceite, conservando además la instalación en su emplazamiento original. Esta alternativa habría permitido una interpretación más directa del patrimonio molinero local y constituido una oportunidad para reforzar la difusión de su historia.
La investigación demuestra, asimismo, la importancia de combinar documentación histórica, cartografía, fotografía aérea, trabajo de campo y memoria oral para reconstruir unas instalaciones que en buena parte han desaparecido. La ausencia de estudios previos que hayan abordado de forma conjunta y exhaustiva la evolución de los molinos y almazaras del municipio convierte este trabajo en una aportación a la historiografía de la Edad Contemporánea de Armuña de Almanzora. Su principal objetivo es contribuir a documentar y preservar la memoria de estas actividades y poner de manifiesto la necesidad de conservar y valorar los vestigios que todavía subsisten.
- ANUARIO DEL COMERCIO, DE LA INDUSTRIA, DE LA MAGISTRATURA Y DE LA ADMINISTRACIÓN (1885). Carlos Bailly-Baillière (ed.).
- ANUARIO DEL COMERCIO, DE LA INDUSTRIA, DE LA MAGISTRATURA Y DE LA ADMINISTRACIÓN (1894). Bailly-Baillière e hijos (ed.).
- ANUARIO DEL COMERCIO, DE LA INDUSTRIA, DE LA MAGISTRATURA Y DE LA ADMINISTRACIÓN (1903). Bailly-Baillière e hijos (ed.).
- ANUARIO DEL COMERCIO, DE LA INDUSTRIA, DE LA MAGISTRATURA Y DE LA ADMINISTRACIÓN (1906). Bailly-Baillière e hijos (ed.).
- ANUARIO REGIONAL DESCRIPTIVO, INFORMATIVO Y SELECCIONADO DE LA INDUSTRIA, COMERCIO, AGRICULTURA, PROFESIONES, ARTE Y TURISMO DE LA REGIÓN DE ANDALUCÍA Y NORTE ESPAÑOL DE ÁFRICA (1932). Anuarios Regionales de España (Madrid).
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- [FOTOGRAFÍA 3]: Detalle de la planimetría de Armuña realizada por el Instituto Geográfico y Estadístico en 1897.
- [FOTOGRAFÍA 15]: Bienvenido del Bas Guerrero.
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En memoria de María Navarro Encinas en el séptimo aniversario de su fallecimiento |


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Buen trabajo. Felicidades.
ResponderEliminarEnhorabuena José Antonio, magnífico trabajo y actualización. Me ha gustado mucho. Saludos.
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