Génesis de la central hidroeléctrica de Los Pelones
La nueva sociedad se constituyó con un capital de 750.000 pesetas, dividido en 1.500 acciones de 500 pesetas, y tenía por objeto la explotación de industrias de alumbrado y fuerza motriz eléctrica, la fabricación de harinas y otras actividades industriales. Entre sus activos y recursos figuraba este aprovechamiento hidráulico, situado en la margen izquierda del Guadalquivir y aproximadamente a 10 kilómetros de Úbeda, que sería el germen de la futura central de Los Pelones. La sociedad quedó estrechamente vinculada a Manuel Cano y de León, presidente, y Eduardo Buelta Pagés, secretario, figuras que tendrían posteriormente un papel destacado en la explotación del sistema eléctrico ubetense (El Economista Hispano-Americano, 1903: 323-325; Gaceta de Madrid, 1903: 573).
La importancia económica del proyecto se aprecia ya en sus primeros meses de existencia. El balance correspondiente al 30 de abril de 1900 registraba 378.902 pesetas en concepto de obras, además de cantidades destinadas a materiales, aportaciones y gastos generales. La magnitud de esta partida evidencia que la sociedad había comenzado a comprometer una parte sustancial de su capital en la creación de una infraestructura que excedía ampliamente las dimensiones de una pequeña fábrica local. La inversión estaba dirigida a convertir una aceña en una instalación industrial capaz de generar electricidad y transportarla hasta Úbeda (El Economista Hispano-Americano, 1903: 323-324).
Balance de cuentas de la Electro-Industrial de Úbeda (1900)
Los primeros meses de 1900 permiten seguir con bastante precisión la materialización de este proyecto. El 14 de febrero, Juan Girbán Alavedra, vecino de Madrid y representante de la Sociedad Anónima de Crédito Eléctrico, solicitó al Ayuntamiento autorización para tender cables destinados al alumbrado público y particular y a la fuerza motriz de las industrias ubetenses. La solicitud afirmaba que la sociedad había adquirido una importante fuerza motriz hidráulica en el Guadalquivir con la intención de transportarla hasta Úbeda y anunciaba el comienzo de las obras durante el mes de marzo. La Corporación concedió la autorización con la condición de que los trabajos comenzaran antes del 30 de marzo y concluyeran en los seis meses siguientes. El 28 de marzo, el propio Girbán comunicó que los trabajos habían comenzado ya con la colocación de palomillas en la calle de Santa Catalina (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1900).
La prensa contemporánea aporta información especialmente significativa sobre la naturaleza de aquellos trabajos. El Ideal Conservador señalaba el 2 de marzo de 1900 que la empresa continuaba activamente los trabajos preparatorios en Los Pelones. La noticia menciona la presencia en Úbeda del ingeniero Foucault, de la casa constructora Averly de Zaragoza, fabricante de las turbinas que habían de instalarse, así como su colaboración con el capitán de Estado Mayor Sebastián de Latorre en la elaboración de planos y estudios. También informa de la presencia de Girbán, quien anunciaba el comienzo de los trabajos y el tendido de la red (El Ideal Conservador, 1900: 3).
Este proceso se desarrolló, además, en un escenario de pluralidad de iniciativas eléctricas. En septiembre de 1900, la Sociedad Anónima Linarense de Electricidad, representada por Juan Álvarez Jurado, solicitó autorización para instalar en Úbeda una red aérea alimentada desde la central hidroeléctrica del Arquillo, situada en el río Guadalimar, en término de Linares. El proyecto contemplaba una red primaria, transformadores distribuidos por la población y suministro durante toda la noche, con la previsión de terminar la instalación en marzo de 1901. La autorización fue concedida por el Ayuntamiento, aunque el estudio posterior de la cartografía histórica de Úbeda permite determinar que aquella línea procedente del Arquillo no llegó finalmente a materializarse (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1900; Instituto Geográfico y Estadístico, 1901; Instituto Geográfico y Estadístico, 1923).
La propia Linarense de Electricidad proyectaba en aquellos meses una importante ampliación de sus instalaciones. En noviembre de 1900 se informaba de la construcción de dos nuevas dinamos de 100 kW y una turbina de eje vertical de 150 CV, con las que la fábrica alcanzaría dos turbinas de 150 CV y dos alternadores de 100 kW, manteniendo además equipos de reserva. El objetivo declarado era ampliar el negocio en Linares y alumbrar Úbeda, donde la sociedad afirmaba haber conseguido ya un abono de 2.000 lámparas de diez bujías (Industria minera, metalúrgica y mercantil, 1900: 5).
Las condiciones que debía reunir el futuro servicio eléctrico quedarían recogidas en el pliego de condiciones para el arrendamiento del alumbrado público durante 20 años, que fue aprobado por la Corporación Municipal en la sesión plenaria del 7 de noviembre de 1900. El documento resulta especialmente revelador porque establece que la fábrica generatriz debía situarse dentro del término municipal de Úbeda y que, si se utilizaba fuerza hidráulica, debía contar con unidades electrógenas superiores a 100 CV. Asimismo, exigía una fábrica de reserva a vapor capaz de proporcionar por sí sola la energía necesaria para las 4.100 bujías del alumbrado público en caso de interrupción de la fuerza hidráulica. El pliego contemplaba además la construcción de las líneas de transporte, la red urbana, la colocación de transformadores y la posibilidad de utilizar la red general para suministrar energía a particulares e industrias (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1900).
Durante 1901 se produjo el paso decisivo hacia la organización formal de este sistema. El 12 de enero se celebró la subasta del servicio municipal de alumbrado eléctrico. El remate fue adjudicado inicialmente a Justo González Hervás, por 10.650 pesetas anuales, pero el 23 de enero el adjudicatario cedió sus derechos a Eduardo Buelta Pagés, cesión que fue aceptada por el Ayuntamiento. Buelta pasó así a asumir formalmente las obligaciones derivadas del contrato municipal, mientras la Electro-Industrial continuaba desarrollando la infraestructura que debía hacer posible el suministro (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1901; Almansa Moreno, 2011: 516).
Paralelamente, el proyecto hidráulico adquirió una definición técnica y administrativa cada vez mayor. El 27 de julio de 1901 se hizo pública la solicitud presentada por Manuel Cano y de León para aprovechar las aguas del Guadalquivir en el molino de Los Pelones para generar electricidad. El proyecto contemplaba la instalación de turbinas en el socaz del molino y la obtención de un salto de aproximadamente 3,90 metros (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1901: 4; Cano y de León, 1901).
La construcción de la central exigía, naturalmente, resolver también el transporte de la energía desde el Guadalquivir hasta la ciudad. En este sentido, la documentación municipal de 1901 permite seguir la progresiva implantación de la red urbana. El 23 de octubre, el Ayuntamiento autorizó a Jacobo García Roure, ingeniero de la Electro-Industrial, a colocar dos transformadores: uno en la Plaza de la Constitución y otro en la Corredera de San Fernando (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1901).
El 21 de enero de 1902 se produjo el principal hito administrativo de este proceso. El gobernador civil otorgó a Manuel Cano y de León la concesión definitiva para aprovechar hasta 13.000 litros de agua por segundo del Guadalquivir en el molino de Los Pelones. La concesión, otorgada por 30 años, autorizaba la transformación del antiguo aprovechamiento molinero en una fábrica de fluido eléctrico. Las condiciones establecían la obligación de ejecutar las obras conforme al proyecto aprobado, devolver las aguas al cauce después de su utilización y someter las instalaciones a la inspección administrativa, además de fijar los plazos correspondientes para la ejecución de las obras (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1902: 2).
Esta primera etapa estuvo marcada también por las dificultades propias de la consolidación de una infraestructura eléctrica de estas características. La documentación municipal y la prensa registran interrupciones del suministro, averías, deficiencias en la intensidad del alumbrado y frecuentes reparaciones y reposiciones de lámparas. A ello se añadieron problemas relacionados con la regularidad del servicio y con el funcionamiento de las distintas instalaciones que componían la red (El Ideal, 1902a: 1-2; El Ideal, 1902b: 2; El Ideal, 1902c: 2; El Ideal, 1902d: 1-2; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1902; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1903).
La situación económica de la Electro-Industrial fue objeto de una crítica especialmente severa en 1903. El Economista Hispano-Americano, en su artículo «Las compañías averiadas (III). La Electro-Industrial de Úbeda», examinó los balances de la sociedad y cuestionó la evolución de sus cuentas y la gestión de sus administradores. El balance cerrado a 31 de diciembre de 1902 cifraba el activo en 860.259,38 pesetas, incluyendo 162.219,95 pesetas correspondientes a la obra y central hidráulica, 129.751,37 a la red de Úbeda y las líneas de alta tensión y telefónica, y 143.200,20 a maquinaria y almacén. El periódico consideraba especialmente significativo que la inversión realizada hubiera superado ampliamente las previsiones iniciales, aunque sus valoraciones deben entenderse como parte de la crítica económica de la época y no como una valoración técnica independiente (El Economista Hispano-Americano, 1903: 323-325; Gaceta de Madrid, 1903: 573).
Pese a estas dificultades, la Electro-Industrial fue consolidando y ampliando sus instalaciones. En 1905, las líneas de alta tensión que partían de Los Pelones ya se extendían hacia Úbeda, con derivaciones a Sabiote y Torreperogil (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1905: 1–2). Al mismo tiempo, las críticas al servicio continuaron durante 1905 y 1906, hasta el punto de que el Ayuntamiento debatió formalmente las deficiencias del alumbrado en agosto de 1906 (El Eco de la Loma, 1905: 3; El Eco de la Loma, 1906a: 2–3; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1906). La empresa respondió anunciando la sustitución de lámparas y el empleo de sus máquinas de vapor cuando la escasez de agua redujera la fuerza motriz disponible (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1906). También se documentan en estos años conflictos con algunos abonados por el consumo y las conexiones no autorizadas (El Eco de la Loma, 1905: 3; El Eco de la Loma, 1907: 3).
En 1907, Manuel Cano dejó la gerencia de la sociedad, siendo sustituido por José de Castro y Messía (El Eco de la Loma, 1907: 3). El cambio de dirección no puso fin a los problemas del servicio: en 1908 la prensa continuaba denunciando la escasa intensidad del alumbrado y la corta duración de las lámparas (El Imparcial de Úbeda, 1908: 3) , mientras que en 1910 el Ayuntamiento reclamaba la instalación de redes protectoras en determinados tramos de las líneas eléctricas para mejorar la seguridad (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1910).
La prensa contemporánea aporta información especialmente significativa sobre la naturaleza de aquellos trabajos. El Ideal Conservador señalaba el 2 de marzo de 1900 que la empresa continuaba activamente los trabajos preparatorios en Los Pelones. La noticia menciona la presencia en Úbeda del ingeniero Foucault, de la casa constructora Averly de Zaragoza, fabricante de las turbinas que habían de instalarse, así como su colaboración con el capitán de Estado Mayor Sebastián de Latorre en la elaboración de planos y estudios. También informa de la presencia de Girbán, quien anunciaba el comienzo de los trabajos y el tendido de la red (El Ideal Conservador, 1900: 3).
Noticia en El Ideal Conservador sobre los trabajos de la fábrica
Este proceso se desarrolló, además, en un escenario de pluralidad de iniciativas eléctricas. En septiembre de 1900, la Sociedad Anónima Linarense de Electricidad, representada por Juan Álvarez Jurado, solicitó autorización para instalar en Úbeda una red aérea alimentada desde la central hidroeléctrica del Arquillo, situada en el río Guadalimar, en término de Linares. El proyecto contemplaba una red primaria, transformadores distribuidos por la población y suministro durante toda la noche, con la previsión de terminar la instalación en marzo de 1901. La autorización fue concedida por el Ayuntamiento, aunque el estudio posterior de la cartografía histórica de Úbeda permite determinar que aquella línea procedente del Arquillo no llegó finalmente a materializarse (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1900; Instituto Geográfico y Estadístico, 1901; Instituto Geográfico y Estadístico, 1923).
La propia Linarense de Electricidad proyectaba en aquellos meses una importante ampliación de sus instalaciones. En noviembre de 1900 se informaba de la construcción de dos nuevas dinamos de 100 kW y una turbina de eje vertical de 150 CV, con las que la fábrica alcanzaría dos turbinas de 150 CV y dos alternadores de 100 kW, manteniendo además equipos de reserva. El objetivo declarado era ampliar el negocio en Linares y alumbrar Úbeda, donde la sociedad afirmaba haber conseguido ya un abono de 2.000 lámparas de diez bujías (Industria minera, metalúrgica y mercantil, 1900: 5).
Noticia sobre el proyecto de la Sociedad Anónima Linarense de Electricidad de
dar electricidad a Úbeda aparecida en "Industria minera, metalúrgica y mercantil"
Las condiciones que debía reunir el futuro servicio eléctrico quedarían recogidas en el pliego de condiciones para el arrendamiento del alumbrado público durante 20 años, que fue aprobado por la Corporación Municipal en la sesión plenaria del 7 de noviembre de 1900. El documento resulta especialmente revelador porque establece que la fábrica generatriz debía situarse dentro del término municipal de Úbeda y que, si se utilizaba fuerza hidráulica, debía contar con unidades electrógenas superiores a 100 CV. Asimismo, exigía una fábrica de reserva a vapor capaz de proporcionar por sí sola la energía necesaria para las 4.100 bujías del alumbrado público en caso de interrupción de la fuerza hidráulica. El pliego contemplaba además la construcción de las líneas de transporte, la red urbana, la colocación de transformadores y la posibilidad de utilizar la red general para suministrar energía a particulares e industrias (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1900).
Durante 1901 se produjo el paso decisivo hacia la organización formal de este sistema. El 12 de enero se celebró la subasta del servicio municipal de alumbrado eléctrico. El remate fue adjudicado inicialmente a Justo González Hervás, por 10.650 pesetas anuales, pero el 23 de enero el adjudicatario cedió sus derechos a Eduardo Buelta Pagés, cesión que fue aceptada por el Ayuntamiento. Buelta pasó así a asumir formalmente las obligaciones derivadas del contrato municipal, mientras la Electro-Industrial continuaba desarrollando la infraestructura que debía hacer posible el suministro (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1901; Almansa Moreno, 2011: 516).
Paralelamente, el proyecto hidráulico adquirió una definición técnica y administrativa cada vez mayor. El 27 de julio de 1901 se hizo pública la solicitud presentada por Manuel Cano y de León para aprovechar las aguas del Guadalquivir en el molino de Los Pelones para generar electricidad. El proyecto contemplaba la instalación de turbinas en el socaz del molino y la obtención de un salto de aproximadamente 3,90 metros (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1901: 4; Cano y de León, 1901).
La construcción de la central exigía, naturalmente, resolver también el transporte de la energía desde el Guadalquivir hasta la ciudad. En este sentido, la documentación municipal de 1901 permite seguir la progresiva implantación de la red urbana. El 23 de octubre, el Ayuntamiento autorizó a Jacobo García Roure, ingeniero de la Electro-Industrial, a colocar dos transformadores: uno en la Plaza de la Constitución y otro en la Corredera de San Fernando (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1901).
El 21 de enero de 1902 se produjo el principal hito administrativo de este proceso. El gobernador civil otorgó a Manuel Cano y de León la concesión definitiva para aprovechar hasta 13.000 litros de agua por segundo del Guadalquivir en el molino de Los Pelones. La concesión, otorgada por 30 años, autorizaba la transformación del antiguo aprovechamiento molinero en una fábrica de fluido eléctrico. Las condiciones establecían la obligación de ejecutar las obras conforme al proyecto aprobado, devolver las aguas al cauce después de su utilización y someter las instalaciones a la inspección administrativa, además de fijar los plazos correspondientes para la ejecución de las obras (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1902: 2).
Noticia sobre Los Pelones publicada el 7 de marzo de 1902
en el periódico La Correspondencia de España (Madrid)
La concesión de enero de 1902 representa, por tanto, el momento en que el proyecto alcanzó su plena definición jurídica y administrativa; pero la culminación material de la génesis tuvo lugar pocos meses después. El 22 de junio de 1902 tuvo lugar la recepción definitiva de las obras de la fábrica de luz construida por la Electro-Industrial de Úbeda. Al acto asistieron el marqués de Balboa, el ingeniero Fernando Herrera y el sobrestante José Tito (La Energía Eléctrica, 1902: 21).
A partir de este momento, la cuestión fundamental ya no es explicar cómo nació Los Pelones, sino cómo estaba construida y cómo funcionaba técnicamente la fábrica, qué maquinaria utilizaba, qué potencia podía desarrollar y de qué manera transformaba la energía hidráulica del Guadalquivir en electricidad. Ese será el objeto del siguiente apartado: las características técnicas de la central.
Líneas eléctricas
La recepción de las obras de la central de Los Pelones no supuso una ruptura inmediata con el sistema eléctrico anterior. Durante los primeros años, la Electro-Industrial de Úbeda convivió con las instalaciones de la Sociedad “Álvaro e Hidalgo”, mientras que los antiguos sistemas de alumbrado por petróleo todavía mantenían una presencia residual (Almansa Moreno, 2011: 508-515; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1902). La implantación de Los Pelones debe entenderse, por tanto, como un proceso gradual de transformación del sistema energético ubetense, en el que durante algún tiempo coexistieron instalaciones, redes y formas de suministro de distinta naturaleza.
A partir de este momento, la cuestión fundamental ya no es explicar cómo nació Los Pelones, sino cómo estaba construida y cómo funcionaba técnicamente la fábrica, qué maquinaria utilizaba, qué potencia podía desarrollar y de qué manera transformaba la energía hidráulica del Guadalquivir en electricidad. Ese será el objeto del siguiente apartado: las características técnicas de la central.
La central en funcionamiento
Características técnicas de la central
Sala de máquinas de la central hidroeléctrica de Los Pelones en los años treinta
| PERIODO | TURBINAS / GRUPOS | Nº | POTENCIA UNITARIA | POTENCIA TOTAL | TIPO DE GENERADOR | SALTO | CAUDAL |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Electro-Industrial de Úbeda (1902-1928) | Turbina Francis, fabricada por Averly S.A. (Zaragoza) | 1 | 500 CV | 500 CV | Alternador síncrono trifásico de 330 kW (413 kVA), fabricado por Brujas, Frene & Agasst (Sabadell) | 3,90 m | 13.000 L/s |
| Hidroeléctrica de La Loma (1928-1955) | Turbinas Francis de eje horizontal, con transmisión a los alternadores mediante correas sin fin y poleas. Regulación automática del caudal mediante servomotor | 2 | 358,5 CV | 717 CV | Dos alternadores síncronos trifásicos de eje horizontal, con excitatriz directamente acoplada al eje, 750 rpm y 260 kVA cada uno (520 kVA) | 5,51 m | 11.350 L/s |
| NOTAS: La central de Los Pelones estaba proyectada para instalar un tercer grupo electrógeno que nunca llegó a colocarse. | |||||||
| REFERENCIAS: Anuario de electricidad, 1905: 400-401; El Ideal Conservador, 1900: 3; SEHMNE, Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 1950: 215. | |||||||
- Línea a 8.500 V con destino a Úbeda, con ramales hacia Torreperogil y Sabiote. Se estima que la línea de Sabiote permaneció en funcionamiento hasta finales de los años veinte, cuando la localidad se conectó al sistema eléctrico de la Compañía Anónima Mengemor a través de la central de Olvera (Navas de San Juan) (SEHMNE, Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 1950: 215).
- Línea a 8.500 V con destino a Jódar (SEHMNE, Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 1950: 215).
- Línea a 8.500 V con destino al Cortijo Guadiana (SEHMNE, Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 1950: 215).
Trayectoria histórica de Los Pelones
La recepción de las obras de la central de Los Pelones no supuso una ruptura inmediata con el sistema eléctrico anterior. Durante los primeros años, la Electro-Industrial de Úbeda convivió con las instalaciones de la Sociedad “Álvaro e Hidalgo”, mientras que los antiguos sistemas de alumbrado por petróleo todavía mantenían una presencia residual (Almansa Moreno, 2011: 508-515; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1902). La implantación de Los Pelones debe entenderse, por tanto, como un proceso gradual de transformación del sistema energético ubetense, en el que durante algún tiempo coexistieron instalaciones, redes y formas de suministro de distinta naturaleza.
Esta primera etapa estuvo marcada también por las dificultades propias de la consolidación de una infraestructura eléctrica de estas características. La documentación municipal y la prensa registran interrupciones del suministro, averías, deficiencias en la intensidad del alumbrado y frecuentes reparaciones y reposiciones de lámparas. A ello se añadieron problemas relacionados con la regularidad del servicio y con el funcionamiento de las distintas instalaciones que componían la red (El Ideal, 1902a: 1-2; El Ideal, 1902b: 2; El Ideal, 1902c: 2; El Ideal, 1902d: 1-2; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1902; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1903).
La situación económica de la Electro-Industrial fue objeto de una crítica especialmente severa en 1903. El Economista Hispano-Americano, en su artículo «Las compañías averiadas (III). La Electro-Industrial de Úbeda», examinó los balances de la sociedad y cuestionó la evolución de sus cuentas y la gestión de sus administradores. El balance cerrado a 31 de diciembre de 1902 cifraba el activo en 860.259,38 pesetas, incluyendo 162.219,95 pesetas correspondientes a la obra y central hidráulica, 129.751,37 a la red de Úbeda y las líneas de alta tensión y telefónica, y 143.200,20 a maquinaria y almacén. El periódico consideraba especialmente significativo que la inversión realizada hubiera superado ampliamente las previsiones iniciales, aunque sus valoraciones deben entenderse como parte de la crítica económica de la época y no como una valoración técnica independiente (El Economista Hispano-Americano, 1903: 323-325; Gaceta de Madrid, 1903: 573).
Pese a estas dificultades, la Electro-Industrial fue consolidando y ampliando sus instalaciones. En 1905, las líneas de alta tensión que partían de Los Pelones ya se extendían hacia Úbeda, con derivaciones a Sabiote y Torreperogil (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1905: 1–2). Al mismo tiempo, las críticas al servicio continuaron durante 1905 y 1906, hasta el punto de que el Ayuntamiento debatió formalmente las deficiencias del alumbrado en agosto de 1906 (El Eco de la Loma, 1905: 3; El Eco de la Loma, 1906a: 2–3; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1906). La empresa respondió anunciando la sustitución de lámparas y el empleo de sus máquinas de vapor cuando la escasez de agua redujera la fuerza motriz disponible (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1906). También se documentan en estos años conflictos con algunos abonados por el consumo y las conexiones no autorizadas (El Eco de la Loma, 1905: 3; El Eco de la Loma, 1907: 3).
En 1907, Manuel Cano dejó la gerencia de la sociedad, siendo sustituido por José de Castro y Messía (El Eco de la Loma, 1907: 3). El cambio de dirección no puso fin a los problemas del servicio: en 1908 la prensa continuaba denunciando la escasa intensidad del alumbrado y la corta duración de las lámparas (El Imparcial de Úbeda, 1908: 3) , mientras que en 1910 el Ayuntamiento reclamaba la instalación de redes protectoras en determinados tramos de las líneas eléctricas para mejorar la seguridad (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1910).
Paralelamente, la sociedad había alcanzado una considerable dimensión económica. El balance de 1910 reflejaba un activo superior al millón de pesetas, con importantes inversiones en maquinaria, centrales y redes, líneas de alta tensión y telefónicas, y una fábrica de hielo. Los Pelones formaba así parte de un sistema energético cada vez más amplio, vinculado no solo al alumbrado de Úbeda, sino también a otras actividades industriales y de transporte (Madrid Científico, 1911: 297; Los Transportes Férreos, 1911: 6873).
La disponibilidad de agua continuó siendo, sin embargo, un factor determinante para la explotación. En 1914, la falta de caudal del Guadalquivir obligó a mantener durante buena parte del año los dos motores de gas de la central térmica de la Plaza de la Aguardentería para garantizar el suministro (Revista ilustrada de banca, ferrocarriles, industria y seguros, 1914: 217). Tres años después, la escasez de carbón volvió a poner de manifiesto la dependencia de estos sistemas auxiliares, hasta el punto de que el Ayuntamiento solicitó su suministro urgente para asegurar el alumbrado, la fabricación de harinas y el servicio eléctrico del Tranvía de La Loma (El Independiente, 1917: 3).
Durante estas primeras décadas, Los Pelones se consolidó, por tanto, como una infraestructura fundamental del sistema energético ubetense y como origen de una red eléctrica progresivamente más extensa. Su trayectoria estuvo marcada, al mismo tiempo, por la necesidad de adaptar y ampliar continuamente las instalaciones y por la dependencia de recursos hidráulicos y térmicos para garantizar la continuidad del suministro.
A finales de la década de los años diez, la Electro-Industrial de Úbeda mantenía una posición consolidada en el sistema eléctrico local. El Anuario Garciceballos recoge un capital social de 750.000 pesetas, totalmente desembolsado, y señala a José de Castro y Messía como director de la sociedad. El balance correspondiente a 1920 alcanzaba las 915.519,80 pesetas, con un dividendo del 4 % (Anuario Garciceballos, 1919-1920: 948-949; Anuario Garciceballos, 1921-1922: 881-882). Sin embargo, esta posición no estaba exenta de dificultades, y noviembre de 1920 constituye un momento especialmente significativo para comprender la evolución posterior del servicio eléctrico.
En la sesión municipal del 12 de noviembre de 1920, el Ayuntamiento abordó los problemas derivados de la instalación de las redes eléctricas y telegráficas en la calle Valencia. Ambas utilizaban los mismos postes, circunstancia que la corporación consideraba contraria a la normativa y potencialmente peligrosa. En el debate aparece Emilio Martínez Carranza, identificado en el acta como arrendatario de la Electro-Industrial, quien había intervenido en las instalaciones de aquel sector. La cuestión revela que la explotación del servicio estaba adquiriendo una estructura empresarial más compleja, en la que comenzaban a intervenir agentes distintos de la sociedad que originalmente había construido y explotado Los Pelones (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1920).
Pero el aspecto más relevante de aquella sesión fue el debate sobre el propio modelo de prestación del servicio. Ante la proximidad del vencimiento del contrato de alumbrado público, el Ayuntamiento planteó la elaboración de nuevas condiciones para su contratación y, al mismo tiempo, consideró la posibilidad de construir una central eléctrica municipal y su correspondiente red de distribución. La propuesta fue aprobada por unanimidad (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1920). Aunque esta iniciativa no se materializó entonces, constituye un precedente importante: la corporación ubetense comenzaba a plantearse que la continuidad del suministro no debía depender exclusivamente de las condiciones de explotación de las empresas existentes y estudiaba la posibilidad de asumir directamente la generación y distribución de electricidad.
Durante 1921 y los primeros meses de 1922 continuaron las dificultades del servicio, como demuestra la abundante documentación municipal relativa a reparaciones, instalaciones y reposición de lámparas. Al mismo tiempo, Emilio Martínez aparece como gerente de La Eléctrica Ubetense. La documentación permite relacionar esta sociedad con la estructura empresarial precedente (en 1920 Martínez había sido identificado como arrendatario de la Electro-Industrial), aunque la naturaleza exacta de las operaciones que condujeron a su posterior vinculación con Mengemor debe distinguirse de la cuestión de la propiedad y explotación de Los Pelones (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1921; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1922).
El año 1922 supuso, en cualquier caso, un cambio fundamental en la estructura del suministro. La llegada a Úbeda de la energía procedente de Mengemor introdujo en la ciudad un modelo en el que la generación y la distribución quedaban progresivamente diferenciadas. La nueva línea de alta tensión procedente del salto de Olvera fue anunciada en mayo como una infraestructura destinada a reforzar tanto el alumbrado público como el suministro particular. La conexión prevista para junio permitió incorporar a Úbeda a una red de mayor ámbito territorial y redujo la dependencia exclusiva de las instalaciones locales (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1922; El Tiempo, 1922: 2).
Sepa más sobre la historia de la electricidad en la Comarca de La Loma:
La llegada de Mengemor debe entenderse, por tanto, dentro de una nueva organización empresarial. La Eléctrica Ubetense actuaba como distribuidora de la energía suministrada por Mengemor, mientras que Los Pelones constituía la instalación hidráulica cuya trayectoria iba a separarse progresivamente de la red urbana de distribución. Esta diferenciación permite explicar la aparente complejidad de las fuentes de estos años: una sociedad podía encargarse de la distribución del fluido mientras otra suministraba la energía desde una red de mayor ámbito territorial. La llegada de Mengemor tampoco resolvió inmediatamente los problemas del servicio. Durante el resto de 1922 continuaron las reparaciones y reposiciones de lámparas y se sucedieron las críticas municipales por la insuficiente intensidad del alumbrado. En septiembre, varios concejales llegaron a proponer la instalación de un voltímetro para comprobar la tensión efectiva del suministro, mientras se denunciaba que las condiciones contractuales no se cumplían adecuadamente (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1922). Estas incidencias muestran que la incorporación de una nueva fuente de energía y de una red de alta tensión no implicó una normalización automática del servicio en el ámbito urbano.
Durante los años siguientes, este proceso de separación se hizo más evidente. El 12 de marzo de 1927, el Boletín Oficial de la Provincia de Jaén publicó la convocatoria de una Junta General Extraordinaria de la Electro-Industrial de Úbeda para tratar la venta de “las redes de distribución de fluido, líneas y transformadores, acometidas y concesión administrativa”. La operación afectaba expresamente a las instalaciones de distribución de la ciudad, lo que permite diferenciar este proceso de la posterior adquisición del salto de Los Pelones (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1927: 6).
La última etapa de la Electro-Industrial de Úbeda quedó documentada en 1928, cuando la sociedad celebró su última Junta antes de la reorganización empresarial que culminaría con la adquisición del salto de Los Pelones por Hidroeléctrica de la Loma. Esta última reunión, celebrada el 31 de marzo de 1928, supuso el cierre de la trayectoria de la compañía como empresa vinculada al sistema eléctrico que había articulado la electrificación de Úbeda desde comienzos del siglo XX, al acordarse en ella la venta del negocio eléctrico ubetense (Revista ilustrada de banca, ferrocarriles, industria y seguros, 1928: 90). El relevo se materializó al día siguiente, 1 de abril, con la constitución formal ante notario de Hidroeléctrica de la Loma, sociedad que adquirió todos los bienes de la Electro-Industrial. La creación de la nueva empresa había sido anunciada previamente por Patria, el 3 de marzo, al informar de la compra del salto de Los Pelones y del proyecto de constituir una sociedad destinada a proporcionar alumbrado y fuerza a Úbeda y Baeza. La empresa se denominaría Hidroeléctrica de la Loma y acometería importantes reformas en el salto. Su constitución legal quedó formalizada el 1 de abril, con un Consejo de Administración integrado por Gaudencio Zoppetti, José de Castro López, José Miñones y Manuel Ráez Quesada (Patria, 1928: 2; Patria, 1928a: 2).
Anuncio de Hidroeléctrica de la Loma de finales de los años veinte,
restaurado con IA a partir de un recorte de prensa de la época
La nueva sociedad no se limitó a adquirir una instalación preexistente. El proyecto contemplaba una profunda modernización de Los Pelones y la construcción en Úbeda de una central térmica de reserva equipada con motores diésel. Esta instalación, que se ubicaría en la Torrenueva, debía garantizar el suministro durante los periodos de escasez de agua y evitar las interrupciones provocadas por averías en el salto. La reforma respondía así a uno de los problemas que habían condicionado la explotación de Los Pelones desde sus primeras décadas: la dependencia de un caudal hidráulico irregular y la necesidad de disponer de sistemas auxiliares de generación (Patria, 1928: 2).
Central hidroeléctrica de Los Pelones en los tiempos de Hidroeléctrica de la Loma
La documentación de 1928 muestra simultáneamente la consolidación del modelo de distribución vinculado a la Compañía Anónima Mengemor. En abril de ese año, un procedimiento ejecutivo promovido por dicha empresa contra La Eléctrica Ubetense por una deuda de 76.200,99 pesetas permitió inventariar diversos bienes de esta última sociedad que fueron embargados y sacados a subasta pública. Entre ellos figuraban casetas de transformación, transformadores, líneas de alta tensión y equipos de distribución situados en distintos puntos de la provincia. En Los Pelones solo se relacionaban algunos elementos auxiliares (una bomba, un motor, un taladro, cemento y un cabrestante), sin que apareciesen en el inventario las principales máquinas de generación del salto. El documento resulta especialmente útil para diferenciar la infraestructura de distribución vinculada a Mengemor de la instalación generadora de Los Pelones (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1928: 3-4).
Así, durante 1928 quedaron configurados dos ámbitos empresariales complementarios. Por una parte, Hidroeléctrica de la Loma asumió la explotación y modernización del salto de Los Pelones como centro de generación hidráulica. Por otra, La Eléctrica Ubetense continuaba vinculada a la distribución del fluido procedente de Mengemor. Esta separación entre generación y distribución constituye uno de los principales cambios estructurales experimentados por el sistema eléctrico ubetense desde comienzos de siglo (Patria, 1928a: 2; Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1928: 3-4).
Así, durante 1928 quedaron configurados dos ámbitos empresariales complementarios. Por una parte, Hidroeléctrica de la Loma asumió la explotación y modernización del salto de Los Pelones como centro de generación hidráulica. Por otra, La Eléctrica Ubetense continuaba vinculada a la distribución del fluido procedente de Mengemor. Esta separación entre generación y distribución constituye uno de los principales cambios estructurales experimentados por el sistema eléctrico ubetense desde comienzos de siglo (Patria, 1928a: 2; Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1928: 3-4).
El nuevo escenario también se reflejó en las condiciones establecidas por el Ayuntamiento para el alumbrado público. En agosto de 1928 se aprobó un nuevo pliego de condiciones para el suministro de electricidad a la ciudad y a las dependencias municipales, con una duración inicial de seis años desde enero de 1929. El contrato exigía 15.000 bujías diarias, una tensión de entre 110 y 115 voltios a la salida de los transformadores y un suministro continuo durante la noche. Además, no se admitirían productores que no dispusieran, junto a sus instalaciones hidráulicas, de sistemas de reserva suficientes para garantizar el servicio (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1928).
Estas condiciones reflejaban la experiencia acumulada durante las décadas anteriores. El Ayuntamiento no solo fijaba las características del alumbrado, sino que establecía mecanismos de control sobre la empresa suministradora, contemplando sanciones por interrupciones, la posibilidad de rescisión e incluso la municipalización del servicio. De este modo, las preocupaciones que ya habían aparecido en noviembre de 1920 (seguridad de las instalaciones, calidad del suministro y control municipal) quedaron incorporadas a la regulación contractual del nuevo sistema (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1928).
Los Pelones adquirió además una dimensión que trascendía el abastecimiento urbano. En 1928, la prensa señalaba que la fuerza del salto sería utilizada para proporcionar alumbrado a las obras del ferrocarril Baeza-Utiel, mientras que las informaciones sobre Hidroeléctrica de la Loma anunciaban también el suministro eléctrico para los trabajos de los túneles de la línea (Patria, 1928b: 2; Patria, 1928c: 4).
La modernización de Los Pelones continuó durante los años siguientes. En 1931, el ingeniero Emilio López Berges redactó para Hidroeléctrica de la Loma un proyecto de ampliación del salto de Los Pelones, prueba de que las actuaciones iniciadas en 1928 formaban parte de un proceso continuado de reforma y ampliación de la instalación hidráulica (Ministerio de Obras Públicas, Comisaría de Aguas del Guadalquivir, 1931).
Mientras tanto, el sistema de distribución permanecía fuertemente vinculado a Mengemor. La Sociedad Anónima Distribuidora de Electricidad (SADE) desempeñaba en estos años funciones de distribución de la energía procedente de Mengemor y había asumido el suministro del alumbrado público de Úbeda. Esta situación explica el debate municipal de diciembre de 1930, cuando el Ayuntamiento volvió a denunciar las deficiencias del servicio y las frecuentes averías de la SADE. El concejal Garrido llegó a proponer que Hidroeléctrica de la Loma instalase algunas lámparas en las calles para evitar que la ciudad quedara completamente a oscuras cuando se produjeran averías en la distribuidora (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1930; La Provincia, 1930: 1).
El debate de diciembre de 1930 demuestra que la reorganización empresarial no había resuelto todos los problemas técnicos del alumbrado. El Ayuntamiento denunció una tensión muy inferior a la prevista durante las primeras horas de la noche y excesivamente elevada durante la madrugada; según el concejal Garrido, podía situarse en torno a 100 voltios cuando deberían alcanzarse 150, llegando posteriormente casi a 200 voltios y provocando la fundición de numerosas bombillas. Aunque estas cifras proceden de una intervención municipal y no de una medición técnica independiente, la corporación acordó adquirir un voltímetro y comprobar las condiciones reales del suministro (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1930; La Provincia, 1930: 1).
En 1931, las actas municipales muestran que la SADE suministraba fluido para el alumbrado público y para diversas dependencias municipales, entre ellas el Hospital de Santiago, el Juzgado y la cárcel. En noviembre, el Ayuntamiento registró recibos de la compañía por el suministro de fluido correspondiente al alumbrado público y a distintas dependencias municipales, y en diciembre aparecen nuevos pagos por el suministro ordinario y extraordinario, así como por la instalación de veinte armaduras destinadas al alumbrado público de la calle Nueva y la Corredera de San Fernando (Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1931).
En 1932, Hidroeléctrica de la Loma intentó prolongar la explotación de Los Pelones mediante una ampliación de su concesión, solicitando elevar el caudal aprovechable de 13 a 26 m³/s e instalar un nuevo grupo turbina-dinamo. La iniciativa coincidió con los proyectos de la Sociedad Anónima Distribuidora de Electricidad para los saltos de Doña Aldonza y Pedro Marín, aguas abajo de Los Pelones. Estos últimos planteaban aprovechamientos de mucha mayor escala, con 40 m³/s de caudal y saltos brutos de 21,50 y 21,70 metros, respectivamente. El Ayuntamiento de Úbeda los valoró favorablemente por las expectativas de empleo y desarrollo industrial que generaban (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1932: 5; Archivo Histórico Municipal de Úbeda, 1932).
La Guerra Civil supuso una interrupción de este proceso. Entre 1936 y 1937, la colectivización e incautación de empresas eléctricas afectó en Úbeda tanto a Hidroeléctrica de la Loma como a SADE. Según Luis Garrido González (2005: 45-61), la primera quedó bajo control de la Sociedad de Obreros, con un diputado de Unión Republicana al frente de la gestión, mientras SADE también fue sometida a incautación y control.
Finalizada la guerra, Hidroeléctrica de la Loma mantuvo en funcionamiento Los Pelones y amplió su ámbito de servicio. Durante los años cuarenta y primeros cincuenta, sus líneas de 8.500 V permitieron llevar electricidad a numerosas fincas y cortijos de Úbeda y de su entorno, entre ellos Guadalcastillo, Ahorcacopos, Cobatillas y Santa Quiteria (Instituto Nacional de Colonización, 1944; Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1947: 898; Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1947a: 2169; Boletín Oficial del Estado, 1949: 1403). La documentación de 1949 permite asimismo relacionar la red de Los Pelones con el entorno de La Herradura (Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 1949-1952).
Instalaciones del salto de Los Pelones en diciembre de 1945
Mientras tanto, avanzaba la construcción de los nuevos aprovechamientos de SADE. La diferencia con Los Pelones era también hidráulica: la antigua central utilizaba una presa-vertedero de derivación, sin embalse regulador, mientras que Doña Aldonza se proyectó con una gran presa y un embalse de 23 millones de m³, además de un salto bruto de 21,50 metros y un caudal concedido de 40 m³/s. Este nuevo modelo terminó haciendo inviable la continuidad del antiguo aprovechamiento (SEHMNE, Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 1950: 215-217; Boletín Oficial del Estado, 1945: 1675-1676).
La transformación empresarial acompañó este proceso. En 1951, la Compañía Sevillana de Electricidad absorbió a Mengemor y SADE pasó a ser filial de Sevillana (Boletín Oficial del Estado, 1951: 7024; Boletín Oficial del Estado, 1951a). Hidroeléctrica de la Loma continuó existiendo y recibió también fluido de Sevillana, aunque perdió progresivamente su capacidad de generación propia (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1967: 129-130).
La transformación empresarial acompañó este proceso. En 1951, la Compañía Sevillana de Electricidad absorbió a Mengemor y SADE pasó a ser filial de Sevillana (Boletín Oficial del Estado, 1951: 7024; Boletín Oficial del Estado, 1951a). Hidroeléctrica de la Loma continuó existiendo y recibió también fluido de Sevillana, aunque perdió progresivamente su capacidad de generación propia (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1967: 129-130).
Hacia 1955, la puesta en carga del embalse de Doña Aldonza provocó la clausura e inundación de Los Pelones. El vuelo americano de junio de 1956 muestra las instalaciones ya arruinadas y parcialmente cubiertas por las aguas, y en 1957 se formalizó la toma de posesión de los terrenos de la Isla de la Herradura donde se encontraba la central (Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 1949-1955; Vuelo Americano Serie B, 1956; Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1957: 10).
Restos de la central hidroeléctrica de Los Pelones en junio de 1956,
parcialmente inundados por las aguas del embalse de Doña Aldonza
La desaparición de Los Pelones no supuso la desaparición inmediata de Hidroeléctrica de la Loma. En 1957 se autorizó una posible interconexión de su red con la de Fuerzas Económicas de Andalucía (FEDA), aunque no consta con certeza que llegara a ejecutarse (Boletín Oficial del Estado, 1957: 7024-7025). La compañía continuó posteriormente recibiendo suministro de Sevillana y mantuvo su actividad hasta su desaparición, aproximadamente en 1970. Ese mismo año desapareció también SADE, cerrándose así la etapa de las principales sociedades locales vinculadas al sistema eléctrico que se había desarrollado en torno a Los Pelones (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 1967: 129-130).
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Créditos fotográficos
- [FOTOGRAFÍAS 1, 6 Y 8]: Archivo Gráfico de la SEHMNE.
- [FOTOGRAFÍAS 2 Y 5]: Biblioteca Nacional de España.
- [FOTOGRAFÍAS 3 Y 4]: Hemeroteca de la Diputación de Jaén.
- [FOTOGRAFÍA 7]: Archivo particular de José Antonio Serrano Navarro.
- [FOTOGRAFÍAS 9 Y 10]: Instituto Geográfico Nacional.
Un artículo de José Antonio Serrano Navarro





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