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domingo, 15 de febrero de 2026

Los molinos hidráulicos de Lúcar


Los molinos harineros constituyeron una infraestructura esencial en la economía tradicional de los municipios del Valle del Almanzora, al posibilitar la transformación del grano en harina, materia prima indispensable para la elaboración de los principales alimentos de subsistencia. Hasta fechas relativamente recientes, estos ingenios hidráulicos sostuvieron buena parte de la base alimentaria de la población. El presente artículo historiográfico aborda de manera detallada la evolución histórica y las particularidades constructivas y funcionales de los molinos hidráulicos localizados en el término municipal de Lúcar.

Características generales y funcionamiento de un molino

Los molinos hidráulicos solían emplazarse en las proximidades de cursos de agua, ya fueran naturales o artificiales. Generalmente, el caudal se desviaba hacia el molino mediante el levantamiento de una presa que permitía derivar el agua a través de una canalización secundaria. En muchos casos, dicha conducción incluía un cubo, cuyo propósito era incrementar la fuerza de la caída del agua sobre el mecanismo. En otras ocasiones, el caudal se acumulaba previamente en una balsa, desde la cual se liberaba con la pendiente y la presión necesarias para accionar la maquinaria molinera.

Una vez apartado del curso principal, el agua caía por la acequia del molino (también denominada caz) y transmitía la energía hidráulica a la aceña. En los molinos de cubo, el agua circulaba por la acequia hasta precipitarse con fuerza a través de aquel, impulsando el mecanismo. En los molinos de acequia, la canalización debía presentar la pendiente adecuada para garantizar la presión suficiente. En los molinos de balsa, por su parte, el flujo se liberaba mediante un tablón que permitía su descenso a lo largo de una acequia con cierta pendiente, alcanzando con energía la maquinaria del molino.

El agua caía finalmente en una trampa que accionaba el rodete o rodezno, situado en la parte inferior del edificio, en un espacio abovedado denominado cárcavo. Este movimiento hacía girar la piedra volandera o superior sobre su eje. El grano, vertido desde la tolva, descendía hasta el empiedro, donde era triturado entre la piedra volandera, en movimiento, y la piedra solera o inferior, fija, obteniéndose así la harina.

La maquila

La maquila constituía el porcentaje de cereal molido que percibía el molinero como retribución por su labor. Dicho porcentaje variaba en función del lugar y de la calidad del grano, situándose habitualmente entre el 5 % y el 12 %. No eran infrecuentes las disputas entre los molineros y quienes acudían a sus instalaciones para transformar el cereal, precisamente a causa de este gravamen. De tales tensiones surgió la conocida expresión popular: «de molinero a ladrón solo hay un escalón» (Garrido Jorquera, 2017: 417).

Los hornos de pan cocer

El horno de pan cocer era una instalación doméstica puesta a disposición de la comunidad, en la cual cualquier particular podía cocer el pan previamente amasado (Garrido Jorquera, 2017: 427). En el caso de Lúcar, se tiene constancia documental de la existencia de 2 hornos de este tipo en el siglo XVIII, pertenecientes al presbítero Francisco Salazar y Juan Pobeda, cada uno con una utilidad anual regulada de 350 reales (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1752).

Ya en época contemporánea, la documentación permite observar la continuidad de esta actividad a través de distintos establecimientos. En 1909 se registra una panadería a nombre de María Luisa Navarro (Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, 1909: 1023), y en 1911 figura otra regentada por Esperanza Rodríguez (Riera Somalich, 1911: 359-360).

En 1925 se contabilizan tres panaderías, cuyos titulares eran Ramón Ontiveros, José Encinas y José Resina (Anuario de Almería, 1925: 410-411), y en 1934 se documentan dos hornos de pan pertenecientes a José Carrión y Manuel Martínez (Ribadeneyra, 1934: 229), lo que evidencia el crecimiento de la actividad panadera en Lúcar a lo largo del primer tercio del siglo XX.

Los molinos hidráulicos de Lúcar

La existencia de molinos hidráulicos en Lúcar se remonta, al menos, a fechas anteriores a 1568. Según los datos aportados por Bernard Vincent (1989: CVII), en ese momento se contabilizaban cinco molinos en la localidad.

Tras la rebelión y la expulsión de la población morisca, la documentación generada en el Libro de Apeo y Repartimiento de Lúcar (1577-1633) (Archivo Histórico Provincial de Granada, Libro de Apeo y Repartimiento de Lúcar, 1577-1633) describe la existencia en la villa de varios molinos de moler pan pertenecientes anteriormente a moriscos, los cuales se hallaban desbaratados e inservibles. Esta referencia pone de relieve el estado de deterioro y abandono en que quedaron tales infraestructuras en los años inmediatamente posteriores al conflicto.

Para 1593, nuevamente según Bernard Vincent (1989: CVII), el número de molinos se había reducido a dos, dato que confirma la merma experimentada en las últimas décadas del siglo XVI.

Por su parte, el documento <<Escrituras de venta a censo de tierras, molinos, cuevas, viñas y casas de los Partidos de Granada, Almería y Málaga>> (1575-1642), conservado en el Archivo Histórico Provincial de Granada, recoge que en Lúcar se vendieron tres molinos (Archivo Histórico Provincial de Granada, Escrituras de venta a censo de…, 1575-1642: 335), circunstancia que pone de manifiesto los procesos de transmisión y reorganización de la propiedad que afectaron a estas instalaciones en el contexto posterior a la expulsión morisca.

La venta de tres molinos documentada entre los siglos XVI y XVII permite plantear, como hipótesis, un proceso de reconstrucción o rehabilitación de antiguas aceñas tras el periodo de deterioro posterior a la expulsión morisca. Este hecho, unido a las referencias anteriores, sugiere una continuidad de la actividad, aunque bajo nuevas formas de propiedad y gestión.

El Catastro de Ensenada muestra una descripción detallada de los molinos harineros existentes en Lúcar a mediados del siglo XVIII. En sus Respuestas Generales se consigna la existencia de cuatro molinos de pan moler, de una piedra cada uno, pertenecientes respectivamente a D. Juan Pobeda; a Pedro Rojo, con participación del patrimonio de D. Juan Berruezo, clérigo de menores; a Juan Burruezo; y a Joseph Cabras del Castillo, vecino de Suflí. En cada caso se detalla el arrendamiento en fanegas de trigo y la correspondiente utilidad anual regulada (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1752).

Desde el punto de vista fiscal, las utilidades anuales reguladas de los molinos harineros hidráulicos reflejan la renta estándar que cada establecimiento podía generar, calculada para efectos del Catastro de Ensenada y ajustada según su capacidad productiva y los gastos habituales de mantenimiento (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1752).

En Lúcar, el estamento eclesiástico percibía por el alquiler de molino harinero una utilidad anual regulada de 175 reales de vellón. Por su parte, el estado secular obtenía por los molinos harineros de agua 2.105 reales de vellón anuales. Además, se consignaban 4.180 reales de vellón correspondientes a los molineros y 550 reales de vellón a los oficiales de molino, según la regulación oficial del Catastro (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1752).

Esta información refleja no los ingresos exactos percibidos, sino el valor fiscal estimado de la producción de los molinos, lo que permitía al fisco uniformar la valoración y la tributación de estas infraestructuras clave en la economía local.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX se construyen nuevas instalaciones que consolidan la continuidad de la molienda en la villa. En 1740 se construyó el molino del Plantonal, mientras que en 1822 se levantó el molino de los Segura, originalmente denominado molino de Patricio y Manuel Pérez. Estas construcciones evidencian la renovación de la infraestructura hidráulica y la incorporación de nuevos molinos a la red existente, reforzando la capacidad productiva de Lúcar antes del crecimiento registrado a finales del siglo XIX.

Para 1898 se documentan nueve molinos, la mayoría situados en la rambla de Lúcar: el molino de Ramón Lorente; el de Alejandro Miras; el de los Rebolloso; el molino del Plantonal; el molino de Matías; el molino de Pepe García; el de Pablo Egea; el molino del Nacimiento; y el molino de los Segura (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898).

A comienzos del siglo XX, el Boletín Oficial de la Provincia de Almería (1918: 2) registra diez molinos harineros, todos con arrendamientos de menos de tres meses, correspondientes a: José María Egea Gallardo; Pedro Segura Miras; Miguel Marín Domene; Antonio Lorente Pérez; José Encinas Mesas; Alejandro Miras Bautista; Antonio Giménez Gallardo; Antonio Encinas Mesas; Juan Fernández Fernández; y Juan Galera Martos. Según el Anuario de Almería (1925: 410-411), se registran ocho molinos harineros: Torcuato Cañadas, Leonardo Expósito, Antonio Lorente, Josefa Lloret, Alejandro Miras, Federico Rebolloso, Juan Requena y Pedro Segura. Posteriormente, el Anuario Industrial y Artístico de España (1934: 229) documenta diez molinos harineros: Emilio Encinas, Juan Fernández, Jaime García, Josefa Lloret, Juan Requena, Agustín Martos, Diego Ramos, Federico Rebolloso, Federico Martínez y Pedro Segura.

Entre 1923 y 1929 se construye la central eléctrica de Lúcar (Diputación de Almería, 1929: 120), vinculada al aprovechamiento hidráulico de la rambla. En 1935, Emilio Pérez Torcal mantenía en funcionamiento la Hidroeléctrica Margarita para la producción y distribución de electricidad al pueblo de Lúcar (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1935: 3), probablemente asociada a algún molino harinero, aunque su ubicación exacta se desconoce.


Tarifas de Hidroeléctrica Margarita en 1935

La documentación conservada sobre esta iniciativa industrial es escasa, lo que dificulta una reconstrucción precisa de su alcance y funcionamiento. Todo indica, no obstante, que se trató de una experiencia de carácter efímero, cuya actividad no tuvo una continuidad prolongada. Posteriormente, a finales de la década de los cuarenta, el municipio fue nuevamente electrificado por la empresa Hidroeléctrica del Chorro, a través de la central hidroeléctrica de Bayarque, integrándose así en una red de suministro de mayor estabilidad y alcance comarcal (Serrano Navarro, 2023).

Finalmente, según la Reseña estadística de la provincia de Almería (1965: 292), en 1962 permanecían nueve molinos harineros activos con una capacidad de molturación de 15,96 quintales métricos en 8 horas, lo que evidencia la pervivencia de la infraestructura hidráulica y la actividad molinera en Lúcar hasta mediados del siglo XX.

A continuación, analizaremos detalladamente el caso de cada industria por separado.

Molino de Alejandro Miras

El molino de Alejandro Miras Bautista es el primero que se localiza en la margen derecha conforme se asciende por la rambla de Lúcar en dirección a su nacimiento. Se sitúa junto al molino de Ramón Lorente.


En el centro de la fotografía se pueden apreciar los restos de los molinos de
Alejandro Miras (cubo de la derecha) y Ramón Lorente (cubo de la izquierda)

Datación: Desconocida. Se constata su existencia, al menos, desde finales del siglo XIX (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898).

Estado de conservación: Se encuentra arruinado desde hace aproximadamente 45 años (IGN, 1977; IGN, 1985). En la actualidad se conservan restos del cubo y el arranque de varios muros, suficientes para identificar su antigua estructura y emplazamiento.

Molino de Ramón Lorente

El molino de Ramón Lorente, también conocido como molino Amapola, es el segundo que se localiza en la margen derecha conforme se asciende por la rambla de Lúcar en dirección a su nacimiento. Se sitúa junto al molino de Alejandro Miras.


Restos del molino de Ramón Lorente. 14 de agosto de 2024

Datación: Desconocida. Se constata su existencia, al menos, desde finales del siglo XIX (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898).



Restos de los molinos de Ramón Lorente (izquierda) y de
Alejandro Miras (derecha). 14 de agosto de 2024

Estado de conservación: Se encuentra arruinado desde hace aproximadamente 45 años (IGN, 1977; IGN, 1985) y se ubica dentro de una finca particular. En la actualidad se conservan restos del cubo, parte de los muros y una piedra de moler, elementos que permiten identificar su antigua función y configuración estructural.

Molino del Plantonal

El molino del Plantonal, también denominado molino de Enmedio, es el tercero que se localiza en la margen derecha conforme se asciende por la rambla de Lúcar en dirección a su nacimiento.


Molino del Plantonal. 14 de agosto de 2024

Datación: Según una placa que se encontraba en su interior, fue construido en 1740, dato que lo sitúa entre las instalaciones hidráulicas más antiguas conservadas en el pueblo.

Estado de conservación: Ha sido objeto de reforma y rehabilitación. En la actualidad alberga el alojamiento rural Molino Mío, manteniendo buena parte de su estructura original integrada en el nuevo uso.

Molino del Nacimiento

El molino del Nacimiento es el cuarto que se localiza en la margen derecha conforme se asciende por la rambla de Lúcar en dirección a su nacimiento.

Datación: Desconocida. Se constata su existencia, al menos, desde finales del siglo XIX (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898).

Estado de conservación: Fue objeto de una profunda transformación en torno a los años 2007-2008, siendo convertido en cortijo (PNOA, 2004; PNOA, 2006; PNOA, 2008). De la fábrica original únicamente se conservan restos del caz y del cubo, elementos que permiten identificar su primitiva función molinera.


Emplazamiento del molino del Nacimiento. 14 de agosto de 2024

Molino de los Rebolloso

El molino de los Rebolloso, denominado molino de los Sebastianes a finales del siglo XIX (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898), es el primero que se localiza en la margen izquierda de la rambla de Lúcar conforme se asciende en dirección a su nacimiento.


Fachada principal del molino de los Rebolloso. 14 de agosto de 2024


Cubo del molino de los Rebolloso. 14 de agosto de 2024

Datación: Desconocida. Se constata su existencia, al menos, desde finales del siglo XIX (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898).


Parte final del caz y cubo del molino de los Rebolloso. 14 de agosto de 2024

Estado de conservación: Presenta un estado de conservación entre regular y malo, con un deterioro que se ha acelerado notablemente en los últimos veinte años. Conserva el empiedro y buena parte de la maquinaria y accesorios, aunque todos ellos se encuentran en deficiente estado de conservación.

Molino de Pepe García

El molino de Pepe García es el segundo que se localiza en la margen izquierda de la rambla de Lúcar conforme se asciende en dirección a su nacimiento.


Molino de Pepe García. 14 de agosto de 2024

Datación: Desconocida. Se constata su existencia, al menos, desde finales del siglo XIX (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898).

Estado de conservación: Presenta un buen estado de conservación, manteniéndose adecuadamente cuidado por su actual propietario.

Molino de Pablo Egea

El molino de Pablo Egea era la tercera aceña situada en la margen izquierda de la rambla de Lúcar conforme se asciende en dirección a su nacimiento.

Datación: Desconocida. Se constata su existencia, al menos, desde finales del siglo XIX (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898).

Estado de conservación: Desapareció en la década de los noventa (IGN, 1999). En la actualidad, su antigua parcela se encuentra ocupada por un cortijo de construcción moderna.


El molino de Pablo Egea en julio de 1977

Molino de Matías

El molino de Matías se situaba en el camino que desciende desde Lúcar hacia la rambla homónima por la Fuente del Molinillo, por debajo del molino de los Segura.

Datación: Desconocida. Se constata su existencia, al menos, desde finales del siglo XIX (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898).

Estado de conservación: Fue demolido en torno a los años 2007-2008 (PNOA, 2004; PNOA, 2006; PNOA, 2008) y sustituido por un cortijo de nueva construcción. Del molino original únicamente se conserva el cubo, que constituye el último vestigio de la instalación primitiva.


Molino de Matías. 14 de agosto de 2024


Cubo del molino de Matías. 14 de agosto de 2024

Molino de los Segura

El molino de los Segura, denominación que adopta por quien fuera su propietario en el siglo XX, Pedro Segura Miras, fue también conocido como molino del Coto (Instituto Geográfico y Estadístico, 1898). Se sitúa en el camino que desciende desde Lúcar hacia la rambla por la Fuente del Molinillo.


Molino de los Segura. 14 de septiembre de 2024


Molino de los Segura. Detalle de la placa del dintel de la puerta

Datación: Fue construido en 1822, según consta en una placa conservada en el dintel de la puerta.

Sus constructores y primeros propietarios fueron Patricio y Manuel Pérez.


Acequia del molino de los Segura, aún en uso. 14 de septiembre de 2024


Arco en el caz del molino de los Segura. 14 de septiembre de 2024


Cubo del molino de los Segura. 14 de septiembre de 2024

Estado de conservación: Presenta un buen estado de conservación, tras haber sido rehabilitado para uso como vivienda.


Cárcavo del molino de los Segura. 14 de agosto de 2024


Antigua piedra en la puerta del molino. 14 de agosto de 2024

Molino de la Fuente del Molinillo

El molino de la Fuente del Molinillo se localiza junto a la fuente homónima. Su denominación probablemente alude a que se trataba de una aceña de reducidas dimensiones.


Restos del molino de la Fuente del Molinillo. 14 de agosto de 2024


Restos del molino de la Fuente del Molinillo. 14 de septiembre de 2024

Datación: Según la tradición oral, podría tener un origen islámico o morisco.

Estado de conservación: Se encuentra arruinado; únicamente se conserva el cubo, que permite identificar su antigua función hidráulica.

Conclusiones

Los molinos harineros de Lúcar constituyeron un componente central de la economía local desde al menos el siglo XVI hasta mediados del siglo XX, garantizando la continuidad de la molienda a pesar de periodos de deterioro y reorganización de la propiedad tras la expulsión morisca. La relevancia económica y fiscal de los molinos harineros de Lúcar queda claramente plasmada en el Catastro de Ensenada, concebido como un proyecto integral de valoración de la riqueza de la Corona de Castilla. Este documento registra las utilidades anuales reguladas de cada molino, reflejando no solo su capacidad productiva sino también su papel como fuente de ingresos. Más allá de ser un simple inventario de propiedades, el Catastro permitía uniformar la valoración de las instalaciones, estandarizar la tributación y proporcionar un instrumento fiable para medir la riqueza local, destacando así la centralidad de estas infraestructuras en la economía rural de Lúcar durante el siglo XVIII.

La construcción de nuevos molinos, como el Plantonal en 1740 y los Segura en 1822, evidencia la renovación y expansión de la infraestructura hidráulica, reforzando la capacidad productiva del pueblo, mientras que los datos desde finales del siglo XIX hasta 1962 ponen de relieve la densidad y distribución estratégica de las instalaciones a lo largo de la rambla y su adaptación al cauce y a las necesidades productivas. La evolución observada, con molinos arruinados o rehabilitados como cortijos, refleja la transición del paisaje hidráulico hacia nuevos usos.

El breve periodo de electrificación documentado muestra un intento de diversificación tecnológica, aunque efímero, hasta la integración definitiva de Lúcar en la red de Hidroeléctrica del Chorro a finales de los años cuarenta. La situación actual de muchos molinos abandonados o convertidos en ruinas y escombros evidencia la vulnerabilidad del patrimonio hidráulico frente al paso del tiempo, dejando únicamente restos como cubos, empiedros o muros fragmentarios que permiten intuir su antigua función. Molinos como el de los Rebolloso, que conservan parte de la maquinaria y elementos originales, y aquellos cuyos restos no han recibido ninguna intervención de consolidación, ponen de manifiesto la pérdida progresiva de información histórica y de valores culturales asociados a la actividad molinera. Esta realidad subraya la necesidad de estrategias de puesta en valor que permitan proteger, documentar y, en la medida de lo posible, rehabilitar las instalaciones más representativas, garantizando la transmisión de su legado histórico y tecnológico y preservando su función como testimonios del aprovechamiento hidráulico tradicional en un entorno rural mediterráneo.

En conjunto, los molinos harineros de Lúcar constituyen un patrimonio histórico-industrial de gran relevancia, cuya historia permite comprender los mecanismos de gestión del agua, la tributación y la adaptación tecnológica en un entorno rural mediterráneo a lo largo de más de cuatro siglos, al mismo tiempo que invita a reflexionar sobre la fragilidad y el valor del legado material que han dejado y sobre la necesidad de intervenir de manera responsable para conservarlo.

Bibliografía y webgrafía
  • ANUARIO DEL COMERCIO, DE LA INDUSTRIA, DE LA MAGISTRATURA Y DE LA ADMINISTRACIÓN (1909): Carlos Bailly-Baillière e hijos (ed.).
  • ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE GRANADA (1575-1642): Escrituras de venta a censo de tierras, molinos, cuevas, viñas y casas de los Partidos de Granada, Almería y Málaga.
  • ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE GRANADA (1752): Catastro de Ensenada de Lúcar. Respuestas generales.
  • AYUNTAMIENTO DE ALMERÍA (patr.) (1925): Anuario de Almería (capital y provincia). E. Lacoste.
  • BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE ALMERÍA (1918): 15 de julio de 1918.
  • BOLETÍN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE ALMERÍA (1935): 20 de abril de 1935.
  • DIPUTACIÓN DE ALMERÍA (1929): Almería 1923-1929. Cinco Años de Nuevo Régimen. Almería. Imprenta de Emilio Orihuela.
  • GARRIDO JORQUERA, I. (2017): Historia general de la villa de Bacares. Almería-Barcelona. GBG Editora.
  • INSTITUTO GEOGRÁFICO Y ESTADÍSTICO (1898): Bosquejos planimétricos mandados formar por la ley de 24 de agosto y el Real Decreto de 29 de diciembre de 1896. Provincia de Almería. 3ª Brigada. Término municipal de Lúcar. Plano a escala 1:25000.
  • INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA (1965): Reseña estadística de la provincia de Almería. Madrid.
  • RIVADENEYRA (ed.) (1934): Anuario industrial y artístico de España 1933-4. Madrid. Rivadeneyra.
  • RIERA SOMALICH, E. (1911): Anuario-Riera general y exclusivo de España. Tomo I. Barcelona. Centro de Propaganda Mercantil.
  • SERRANO NAVARRO, J.A. (2023): La central hidroeléctrica de Bayarque. En Sociedad de Estudios Históricos “María Navarro Encinas”. Disponible en: https://sehmne.blogspot.com/2023/11/la-central-hidroelectrica-de-bayarque.html (consultado el 14 de febrero de 2026).
  • VINCENT, B. (1989): La société chrétienne almeriense et les systèmes hydrauliques. Quelques propositions de travail. En I Coloquio de Historia y Medio Físico. El agua en zonas áridas: arqueología e historia. Instituto de Estudios Almerienses, pp. XCV - CIX.
  • Fotografías aéreas del Vuelo Interministerial (1977).
  • Fotografías aéreas del Vuelo Nacional (1985).
  • Fotografías aéreas del Vuelo Quinquenal (1999).
  • Fotografías aéreas del Vuelo PNOA (2004).
  • Fotografías aéreas del Vuelo PNOA (2006).
  • Fotografías aéreas del Vuelo PNOA (2008).
Créditos fotográficos
  • [FOTOGRAFÍAS 1, 3, DE 4 A 11 Y DE 13 A 23]: Archivo Gráfico de la Sociedad de Estudios Históricos "María Navarro Encinas" / José Antonio Serrano Navarro.
  • [FOTOGRAFÍA 2]: Hemeroteca de la Diputación de Almería.
  • [FOTOGRAFÍA 12]: Instituto Geográfico Nacional.

Un artículo de José Antonio Serrano Navarro

lunes, 17 de noviembre de 2025

Inauguración del molino harinero de la calle Zacatín en Monachil. Un hito en la conservación del patrimonio industrial de la Vega de Granada


La inauguración de la restauración del molino harinero de la calle Zacatín, que tuvo lugar ayer, 16 de noviembre, ha constituido un acontecimiento de notable relevancia para la protección y puesta en valor del patrimonio industrial de Monachil. La jornada se inició a las 10:30 con una ruta interpretativa por el Barrio de Monachil en la que numerosos participantes recorrieron varios enclaves relacionados con el patrimonio histórico y etnológico del municipio, actividad que contó con una significativa participación ciudadana y que enmarcó el posterior acto institucional.

A las 11:45, cerca de un centenar de personas se hallaban ya congregadas ante la entrada del molino, evidenciando el interés social suscitado por la recuperación de este inmueble histórico. El edificio fue adquirido por el Ayuntamiento de Monachil en 2021, y su restauración ha supuesto una inversión superior a los 100000 euros, financiada mediante fondos propios municipales, aportaciones de los fondos europeos LEADER y del Programa de Fomento de Empleo Agrario (PFEA).

Entre los asistentes se encontraban miembros del Ayuntamiento de Monachil, diversos colectivos vinculados a la defensa del patrimonio industrial (incluido un grupo procedente de La Zubia), el arquitecto municipal, el equipo técnico local implicado en los trabajos de restauración y representantes de todas las fuerzas políticas municipales. La presencia de Encarna, última propietaria del molino, confirió un valor especial al evento, en cuyo transcurso se procedió al descubrimiento de una placa conmemorativa.

El acto institucional fue iniciado por el concejal de Participación Ciudadana, Iván Porcel, quien ofreció una intervención de carácter contextualizador sobre la trayectoria histórica del molino y su relevancia en el marco del patrimonio etnológico local. Seguidamente, el alcalde de Monachil, José Morales, expresó su reconocimiento a todas las entidades, profesionales y servicios municipales implicados en la ejecución del proyecto, subrayando la importancia de la colaboración interinstitucional en el ámbito de la conservación patrimonial.



Descubrimiento de la placa conmemorativa en el molino

Tras estas intervenciones, los asistentes accedieron al interior del edificio, donde Rafael García de la Mata Escudero, responsable técnico de la restauración, expuso de manera detallada el funcionamiento del mecanismo harinero y los criterios metodológicos aplicados durante el proceso de rehabilitación. Su explicación generó un considerable interés y dio paso a un turno de ruegos y preguntas, en el que el público manifestó una elevada participación, centrada especialmente en aspectos técnicos y en piezas concretas del conjunto.



Dos instantáneas tomadas en el interior de la aceña durante el acto

En la fase final del encuentro, el acto adquirió un carácter más distendido, permitiendo a los asistentes recorrer las distintas estancias del molino, dialogar con los responsables del proyecto y observar de cerca los elementos restaurados. Este ambiente favoreció un intercambio enriquecedor de impresiones y puso de manifiesto la satisfacción general respecto al resultado del proceso de restauración.

El alcalde José Morales reiteró de manera expresa su reconocimiento al trabajo desarrollado por Rafael García de la Mata Escudero, destacando que los resultados obtenidos han superado las previsiones iniciales del proyecto. Esta valoración subraya el elevado nivel técnico alcanzado en la intervención y la relevancia del molino como bien cultural de interés para el municipio.

La restauración del molino harinero de la calle Zacatín se consolida, en suma, como un hito significativo en la recuperación del patrimonio industrial de Monachil, ejemplificando un modelo de cooperación institucional, técnica y ciudadana orientado a la preservación y difusión del legado cultural local.

Créditos fotográficos
  • [FOTOGRAFÍA 1]: Archivo Gráfico de la SEHMNE / Rafael García de la Mata Escudero.
  • [FOTOGRAFÍAS 2, 3, 4 Y 5]: Ayuntamiento de Monachil.




lunes, 10 de noviembre de 2025

El ayuntamiento de Monachil inaugurará la restauración del molino harinero de la calle Zacatín


El ayuntamiento de Monachil celebrará el próximo domingo, 16 de noviembre de 2025, la inauguración oficial del molino harinero de la calle Zacatín, tras la culminación de su restauración integral.

Los trabajos han sido dirigidos por el ingeniero Rafael García de la Mata Escudero y su equipo, especialistas en conservación del patrimonio, quienes han devuelto a este edificio histórico su valor constructivo, tecnológico y simbólico dentro del paisaje cultural del municipio.

El molino, pieza esencial del patrimonio hidráulico y etnográfico de Monachil, ha recuperado su estructura original y parte de su maquinaria, convirtiéndose en un nuevo espacio cultural dedicado a la interpretación del patrimonio local.

Programa del domingo, 16 de noviembre de 2025


10:30 h — Ruta interpretativa

Recorrido guiado por el Barrio de Monachil y los alrededores del molino, con explicaciones sobre los elementos patrimoniales, hidráulicos y paisajísticos vinculados a la aceña y al sistema de riego tradicional.

Salida: Edificio de Usos Múltiples, camino de la Bojaira.

12:00 h — Inauguración del molino harinero

Acto oficial en el molino de la calle Zacatín, con la participación del Ayuntamiento de Monachil y del ingeniero Rafael García de la Mata Escudero, responsable de la restauración.

Durante el evento se ofrecerán intervenciones institucionales, una presentación de los trabajos realizados y una visita guiada al edificio restaurado.

Lugar: Molino harinero, calle Zacatín, Monachil.

Acceso libre hasta completar aforo.

Un patrimonio recuperado

El proyecto ha incluido la consolidación estructural del edificio, la reparación de cubiertas, la restauración de muros de mampostería y ladrillo, y la recuperación parcial de la maquinaria tradicional.

Se ha seguido un enfoque respetuoso con las técnicas originales, garantizando la conservación de los materiales históricos y la autenticidad del inmueble.

La intervención ha permitido revalorizar el molino como un espacio cultural, educativo y de interpretación del patrimonio, donde se podrá conocer de primera mano la historia de la molienda, las acequias y la evolución de los oficios tradicionales en Monachil.


Interior del molino harinero antes de su restauración


Trabajos de restauración del molino y recomposición del empiedro faltante


El molino eléctrico de piensos antes de su restauración


Rafael García de la Mata Escudero trabajando en la restauración 
del sistema de accionamiento eléctrico del molino de piensos

Reseña histórica y restauración del molino harinero de la calle Zacatín

Originalmente, el edificio del actual molino harinero de la calle Zacatín era un batán anexo al antiguo Convento de los Padres Agustinos, que durante los siglos XVIII y XIX albergó la fábrica de tejidos Santa Cándida de Monachil. El batán tomaba el agua de la Acequia Gorda, que accionaba los mazos encargados de macear las fibras vegetales (principalmente lino, algodón y otras) para obtener las hilaturas con las que se fabricaban los tejidos.

En torno a 1850, la fábrica cerró sus puertas. El conjunto industrial, que incluía el convento, la iglesia y el batán, fue adquirido por particulares y se vendió por partes. El antiguo batán fue entonces transformado en un molino harinero de tres canales, con dos empiedros para la molienda y una tercera rueda o rodezno destinada a impulsar la maquinaria.

Desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, el molino pasó por manos de tres familias propietarias, siendo la última la familia Márquez, que lo adquirió hacia 1960-1961. Con el tiempo, el edificio fue adaptándose a nuevas necesidades: se anuló uno de los empiedros originales y se incorporó un molino eléctrico de piensos, que ha sido recuperado en la reciente restauración y se encuentra en pleno estado de funcionamiento.

En sus últimas décadas de actividad, el molino combinó varios usos: molino harinero, fábrica de piensos y posteriormente una tienda de ultramarinos instalada en uno de los laterales del edificio. Las reformas realizadas entonces anularon los otros dos rodeznos hidráulicos mediante obra, lo que ha impedido por ahora la recuperación de la impulsión por agua, aunque se prevé hacerlo en una segunda fase de intervención.

En la restauración dirigida por Rafael García de la Mata Escudero, se ha recuperado el empiedro desaparecido a mediados del siglo XX, reconstruido con piezas de madera originales del inmueble. Uno de los empiedros ha sido restaurado al 100% y el otro reconstruido con un 20% de elementos originales. El molino de piensos, de mediados del siglo XX, permanece operativo gracias a la instalación de un motor renovado. El edificio cerró definitivamente sus puertas en 1991.

Datos obtenidos a partir de la entrevista realizada por la Sociedad de Estudios Históricos “María Navarro Encinas” al ingeniero restaurador Rafael García de la Mata Escudero (2025).


Un proyecto de memoria y futuro

Desde la Sociedad de Estudios Históricos “María Navarro Encinas”, celebramos la recuperación del molino de la calle Zacatín como un ejemplo de colaboración entre instituciones, técnicos y ciudadanía para conservar y difundir el patrimonio histórico de Monachil.

La restauración de este edificio (antiguo batán, molino y tienda) representa un homenaje al trabajo artesanal y al valor de la memoria material de nuestra tierra.


Detalle de uno de los empiedros del molino de la calle Zacatín


Aspecto del interior del molino harinero tras su restauración

Créditos fotográficos
  • [FOTOGRAFÍAS 1 Y 3 A 8]: Archivo Gráfico de la SEHMNE / Rafael García de la Mata Escudero.
  • [FOTOGRAFÍA 2]: Ayuntamiento de Monachil.

domingo, 19 de octubre de 2025

Los molinos hidráulicos y de aceite de Bayarque


Los molinos y las almazaras constituyeron industrias fundamentales en la economía tradicional de los municipios del Valle del Almanzora, dado que en ellas se procesaban las materias primas destinadas a la elaboración de productos alimenticios básicos que conformaron los cimientos de la dieta mediterránea hasta fechas relativamente recientes.

El presente artículo historiográfico analiza la evolución histórica y las principales características de los molinos, tanto hidráulicos como de aceite, ubicados en el término municipal de Bayarque.

Características generales y funcionamiento de un molino

Los molinos hidráulicos solían emplazarse en las proximidades de cursos de agua, ya fueran naturales o artificiales. Generalmente, el caudal se desviaba hacia el molino mediante el levantamiento de una presa que permitía derivar el agua a través de una canalización secundaria. En muchos casos, dicha conducción incluía un cubo, cuyo propósito era incrementar la fuerza de la caída del agua sobre el mecanismo. En otras ocasiones, el caudal se acumulaba previamente en una balsa, desde la cual se liberaba con la pendiente y la presión necesarias para accionar la maquinaria molinera.

Una vez apartado del curso principal, el agua caía por la acequia del molino (también denominada caz) y transmitía la energía hidráulica a la aceña. En los molinos de cubo, el agua circulaba por la acequia hasta precipitarse con fuerza a través de aquel, impulsando el mecanismo. En los molinos de acequia, la canalización debía presentar la pendiente adecuada para garantizar la presión suficiente. En los molinos de balsa, por su parte, el flujo se liberaba mediante un tablón que permitía su descenso a lo largo de una acequia con cierta pendiente, alcanzando con energía la maquinaria del molino.

El agua caía finalmente en una trampa que accionaba el rodete o rodezno, situado en la parte inferior del edificio, en un espacio abovedado denominado cárcavo. Este movimiento hacía girar la piedra volandera o superior sobre su eje. El grano, vertido desde la tolva, descendía hasta el empiedro, donde era triturado entre la piedra volandera, en movimiento, y la piedra solera o inferior, fija, obteniéndose así la harina.

A diferencia de los molinos hidráulicos, la ubicación de las almazaras o molinos de aceite no obedecía a criterios tan restrictivos, ya que no dependían de la presencia de un curso de agua. Su funcionamiento, además, resultaba más sencillo. Por lo general, se utilizaba un motor de sangre, es decir, la fuerza de un animal de tiro, para mover las piedras encargadas de triturar las aceitunas. Una vez obtenida la pasta de aceituna, esta se depositaba en unas espuertas denominadas cofines, que se colocaban posteriormente en una prensa. Mediante la presión ejercida, se separaba el aceite del resto de componentes sólidos y líquidos, completando así el proceso de extracción.

La maquila

La maquila constituía el porcentaje de cereal molido que percibía el molinero como retribución por su labor. Dicho porcentaje variaba en función del lugar y de la calidad del grano, situándose habitualmente entre el 5 % y el 12 %. No eran infrecuentes las disputas entre los molineros y quienes acudían a sus instalaciones para transformar el cereal, precisamente a causa de este gravamen. De tales tensiones surgió la conocida expresión popular: «de molinero a ladrón solo hay un escalón» (Garrido Jorquera, 2017: 417).

Los hornos de pan cocer

El horno de pan cocer era una instalación doméstica puesta a disposición de la comunidad, en la cual cualquier particular podía cocer el pan previamente amasado (Garrido Jorquera, 2017: 427). En el caso de Bayarque, se tiene constancia documental de la existencia de dos hornos de este tipo en el siglo XVI (Mirallas Jiménez, 2010: 131).

A mediados del siglo XVIII y según el Catastro de Ensenada, en Bayarque no existía ningún panadero, aunque sí se registraba la existencia de un horno de pan. Al hornero se le regulaba una utilidad anual de 730 reales de vellón, mientras que el alquiler del horno ascendía a 365 reales de vellón (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751).

Ya en el siglo XX, concretamente en 1934, se documenta la existencia de dos hornos de pan, propiedad de Antonio Pordoy Sánchez y Manuel Rodríguez, lo que demuestra la continuidad de esta actividad a lo largo del tiempo (Anuario Industrial y Artístico de España, 1933-1934: 218).

El último horno de pan de Bayarque cesó su actividad en 2004, poniendo fin a una tradición centenaria que había sido parte fundamental de la vida cotidiana del municipio (Mirallas Jiménez, 2010: 131).

Los molinos y almazaras de Bayarque

No se dispone de datos sobre la existencia de molinos anteriores al año 1568 (Vincent, 1989: CVII). Sin embargo, el Libro de Apeo y Repartimiento de 1572, citado por Diego Mirallas Jiménez (2010: 34, 131), documenta la presencia en Bayarque de seis molinos harineros y dos hornos de pan. Se tiene constancia de que uno de estos molinos pertenecía a un individuo apellidado Tebo, sin que se haya podido determinar si se trataba de García Tebo o Francisco Tebo, ambos identificados como propietarios moriscos (Mirallas Jiménez, 2010: 34). Por otro lado, no se registran datos sobre molinos correspondientes al año 1593 (Vincent, 1989: CVII), lo que sugiere una posible interrupción o falta de documentación en las fuentes conservadas para ese periodo.

El Catastro de Ensenada constituye un testimonio de excepcional valor para el conocimiento de la estructura económica y social de Bayarque a mediados del siglo XVIII. En las Respuestas Generales, se documenta la existencia de un único molino harinero en el término municipal, propiedad eclesiástica adscrita a una capellanía (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751):

A la Dezima-séptima Digeron que de lo que contiene, solo ai en el termino d este lugar, un molino arinero, con una piedra, propio de la Capellanía de D. Pedro Juan Mirallas, quien lo tiene arrendado en treinta fanegas de trigo en cada un año.

 

Este fragmento confirma que, hacia mediados del siglo XVIII, el único molino harinero de Bayarque pertenecía a Don Pedro Juan Mirallas, clérigo de menores órdenes. El molino contaba con una sola piedra y se arrendaba por una renta anual de treinta fanegas de trigo, una cantidad significativa para un núcleo rural de las dimensiones de Bayarque.

Las Relaciones juradas del vecindario eclesiástico de 1751 complementan esta información y aportan una descripción más detallada del inmueble y sus anexos agrícolas. En ellas, el propio Pedro Juan Mirallas, clérigo de menores órdenes, declara (AHPGR, Catastro de Ensenada, RRJJVE, 1751):

Poseo un Molino de Pan moler en la jurisdicción de esta villa que dista de ella medio quarto de Legua; que se dize el molino de Vaiarque está en el río que vaja de Vacares a esta villa, y da en arrendamiento en cada un año treinta fanegas y quatro zelemines de trigo; en dicho arrendamiento se incluien ocho paratos de mediana calidad que podra sembrar quatro zelemines y tienen unas parrizas pegadas a unas peñas de dichas tierras de paratos son de inferior calidad aunque se dize de Mediana; y tiene Cinco higueras y dos zerezos.

 

De esta declaración se desprende que el molino, identificado como el Molino de Bayarque, se encontraba a medio cuarto de legua del núcleo urbano, junto al río Bacares, localización que permite identificarlo con el conocido Molino de Abajo. Además del edificio principal, el conjunto incluía paratas de cultivo, parrizas y varios árboles frutales, lo que evidencia un aprovechamiento mixto de carácter agroindustrial y hortícola.

Por su parte, los Estados del Catastro de Ensenada consignan diversas rentas vinculadas a actividades agroalimentarias locales, tanto eclesiásticas como seculares. El alquiler del molino harinero, considerado un bien eclesiástico, ascendía a 667 reales de vellón anuales, mientras que el horno de pan cocer, de propiedad secular, generaba 365 reales. Asimismo, se registraban otras figuras fiscales y oficios relacionados con la producción y el comercio de productos básicos: el obligado de vinagre y aceite aportaba 200 reales, el facendero de vino y aceite contribuía con 150 reales, y el molinero de harina declaraba 1200 reales de vellón anuales (AHPGR, Catastro de Ensenada, Estados, 1751).

El propio documento menciona igualmente la existencia de una tienda de aceite y vino, lo que refuerza la idea de una economía local diversificada, articulada en torno al aprovechamiento de los recursos agrícolas y a la transformación de los mismos (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751).

A partir de este punto, las fuentes posteriores permiten seguir la evolución del entramado molinero y agroindustrial bayarquino desde el siglo XIX hasta comienzos del XX. En 1845, el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de Pascual Madoz registra la existencia de dos molinos harineros en el municipio, lo que confirma la continuidad de esta actividad desde la época moderna (Madoz, 1845, IV: 78). Este dato implica un notable incremento respecto al único molino documentado en 1751, pero a la vez refleja una reducción drástica en comparación con los seis molinos de 1572, lo que evidencia una larga tendencia regresiva en el número de aceñas desde el siglo XVI.

A finales del siglo XIX, el Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración menciona una fábrica de harinas de Antonio Sánchez; no obstante, la misma fuente recoge también dicha fábrica en el municipio vecino de Tíjola (1894: 808). En 1897, el mapa del Instituto Geográfico y Estadístico muestra que existían cuatro molinos en Bayarque (la Cerrá, Abajo, el Cura y el del Rubio), lo que revela un aprovechamiento más intensivo del recurso hidráulico en ese momento (Instituto Geográfico y Estadístico, 1897).

Ya en 1911, el panorama experimenta un cambio notable: el Molino del Cura es demolido para construir en su lugar la fábrica de la luz, signo inequívoco del proceso de sustitución del uso tradicional del agua por la generación de energía eléctrica (Serrano Navarro, 2023). El Anuario Riera de ese mismo año menciona dos molinos harineros en funcionamiento, pertenecientes a Victoria Flores Gutiérrez y Alonso García Carrasco, además de una almazara propiedad de Manuel de Torres (Riera Somalich, 1911: 358).

En 1916 se registraban dos molinos harineros, propiedad de Juan Teruel Romero y Juan Romero Martos (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1917: 4). En el Anuario de Almería (1925: 404), se indica que los dos molinos pertenecían a los Herederos de Alonso García Carrasco y a la Hidroeléctrica del Almanzora, y que también había dos almazaras pertenecientes a Herederos de Diego Miralles Rodríguez y Manuel Torres Rodríguez.

En 1930, el molino de Esteban Teruel Romero fue dotado de la maquinaria necesaria para suministrar energía eléctrica al pueblo de Bayarque, lo que supuso su conversión en una pequeña instalación hidroeléctrica. Funcionó con este cometido hasta aproximadamente el año 1940, año en que Bayarque fue conectado a la central hidroeléctrica comarcal (Mirallas Jiménez, 2010: 134-135; Carreño Soler, 2025: 45).

En 1934, la documentación refleja todavía dos molinos harineros (de Juan Teruel Romero y Esteban Teruel Romero), además de una almazara (Francisco Miralles) y dos hornos de pan (Antonio Pordoy Sánchez y Manuel Rodríguez). Tres décadas más tarde, en 1962, solo permanecía operativo un molino, el Molino de Abajo, tal y como confirman Diego Mirallas Jiménez (2010: 131) y la Reseña estadística de la provincia de Almería (1965: 291). El molino tenía una capacidad de molturación en 8 horas de 2,33 quintales métricos (Instituto Nacional de Estadística, 1965: 291).

Estos datos permiten observar la evolución del sector molinero y oleícola bayarquino desde su configuración inicial en el siglo XVI hasta su declive en el siglo XX, reflejando los cambios económicos, tecnológicos y sociales que afectaron al conjunto del Valle del Almanzora.

A continuación, analizaremos detalladamente el caso de cada industria por separado.

Molino de Abajo


El molino de Abajo se encuentra en la margen derecha del río Bacares, en el paraje homónimo y cerca del paraje de la Alameda, a unos 700 metros del casco urbano de Bayarque.

Aunque se desconoce la fecha exacta de su construcción, las fuentes documentales permiten situar su origen con cierta probabilidad en el siglo XVI, momento en que el Libro de Apeo y Repartimiento de 1572 ya menciona la existencia de varios molinos harineros en Bayarque (Mirallas Jiménez, 2010: 131). Por tanto, resulta plausible que el Molino de Abajo; por su localización junto al cauce principal, fuera uno de aquellos establecimientos hidráulicos de origen bajomedieval o morisco que continuaron en uso tras la repoblación cristiana. A mediados del siglo XVIII pertenecía a Pedro Juan Mirallas (Mirallas Jiménez, 2010: 34, 131; AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751).

Se trataba de una aceña de cubo que contaba con un empiedro.


Caz y cubo del molino de Abajo


Cubo del molino de Abajo

Se cree que éste era el molino donde Esteban Teruel Romero puso la fábrica de la luz.

Fue el último molino activo en Bayarque, siendo clausurado en la decáda de los sesenta del siglo XX (Mirallas Jiménez, 2010: 131; Instituto Nacional de Estadística, 1965: 291).

Actualmente se encuentra rehabilitado como vivienda.

Molino del Cura

El molino del Cura, también conocido como molino de Joaquín Pérez (Instituto Geográfico y Estadístico, 1897), se encontraba en la margen izquierda del río Bacares.

El conjunto estaba compuesto por la aceña y un cortijo anexo, tal y como se indica en el mapa de Bayarque del Instituto Geográfico y Estadístico (Instituto Geográfico y Estadístico, 1897).

En 1910 fue adquirido por Juan Fernández de la Cuesta, de la Hidroeléctrica del Almanzora, y fue demolido en 1911 para la construcción de la central hidroeléctrica de Bayarque (Archivo Histórico Provincial de Almería, 1910; Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1911: 1; La Información, 1911: 1; Diputación de Almería, 1912; Serrano Navarro, 2023).

Del cortijo únicamente se conservan en la actualidad las ruinas, único testimonio material superviviente de este antiguo ingenio hidráulico.


La central hidroeléctrica de Bayarque ocupa el lugar donde antiguamente
se emplazaba el molino del Cura. Fotografía tomada en agosto de 2024

Molino del Rubio

Se encuentra situado en la margen derecha del río Bacares, al sur de la central hidroeléctrica, y actualmente se encuentra en ruinas.


Ruinas del molino del Rubio y sus alrededores vistos desde la tubería
forzada de la central hidroeléctrica de Bayarque. Diciembre de 2023

Molino de la Cerrá


El molino de la Cerrá, también conocido como molino del Francés o de los Guiard, fue construido hacia 1880 por iniciativa de Guillermo Guiard Burgalat. Desde su origen destacó por incorporar los últimos avances técnicos en materia de molturación de granos, siendo capaz de mover dos piedras con un solo rodezno, lo que evidencia un alto grado de eficiencia mecánica y una voluntad de modernización poco común en el ámbito rural del Almanzora (Pozo Marín et alii, 2014: 124; Suárez Carrillo, 2011: 26, 30).

El edificio principal del molino, el cubo y el caz pertenecen al término municipal de Bayarque y la parte en la que posteriormente se instaló la fábrica de electricidad y parte de los corrales pertenecen a Tíjola.

A comienzos del siglo XX se inicia la transformación funcional del molino. En mayo de 1913, Adolfo Guiard Giménez proyectó la instalación de una turbina hidráulica con el objetivo de producir electricidad en el propio molino (La Independencia, 1913: 3). Cinco años más tarde, en 1918, aparecen las primeras menciones a la Eléctrica de Tíjola (Anuario de la Gran Industria de España, 1918: 55). El proceso culminó el 22 de diciembre de 1926, cuando Adolfo Guiard Jiménez solicitó oficialmente la instalación de un grupo electrógeno y una línea eléctrica destinada al alumbrado público de Tíjola y a la fábrica de harinas “Santa Isabel”, recientemente construida (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1926: 2). La central hidroeléctrica, las líneas de electricidad y los transformadores ya funcionaban a pleno rendimiento en 1927.

Los elementos eléctricos instalados en el molino de los Guiard fueron una turbina (probablemente de tipo Francis) y un generador de 33 kW (44 CV), además de los aparatos que componían el transformador que elevaba la potencia de la electricidad generada allí. Posteriormente, se colocaría allí un motor de gasoil de refuerzo (Pozo Marín et alii, 2014: 165).

Tras el fallecimiento de Adolfo Guiard Giménez en 1933, la empresa eléctrica pasa a denominarse Adolfo Guiard Giménez en Testamentaria (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1935: 2) y podríamos afirmar que, a partir de este momento comenzaría el declive de las instalaciones del molino de la Cerrá.

El 7 de noviembre de 1950, el Ayuntamiento de Tíjola hizo público el proyecto de Dolores Ruiz Mateo para instalar un motor de gasoil de 35 CV en el casco urbano, destinado a suministrar fuerza motriz a la harinera “Santa Isabel” y servir como fuente de electricidad de reserva (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1950: 2). Este hecho puede considerarse el inicio del fin del molino de la Cerrá, pues marca el tránsito desde la energía hidráulica para dar energía a la fábrica hacia sistemas motorizados independientes y, poco después, hacia el suministro de la Hidroeléctrica del Chorro.

En 1958, el molino ya no se encontraba activo. Ese año, Dolores Ruiz Mateo solicitó la legalización del alumbrado público de Tíjola en baja tensión, autorización concedida el 3 de junio de 1958 (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1958: 1-2). Paralelamente, la empresa Hidroeléctrica del Chorro fue autorizada el 4 de julio de 1958 a construir una línea eléctrica y un transformador de 50 kVA para el suministro público (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1958a: 1-2).

Tras la venta del molino de la Cerrá a Hidroeléctrica del Chorro, los Guiard pasaron a ser distribuidores de electricidad en Tíjola, actividad que ejercieron hasta principios de la década de los setenta.

El Molino de la Cerrá se encuentra en un estado de ruina progresiva y ha sido objeto de advertencias sobre su deterioro durante los últimos años. En 2023 fue incluido en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra por riesgo de desaparición tras las gestiones realizadas por la Sociedad de Estudios Históricos “María Navarro Encinas”.

Molino en ruinas situado en las cercanías de la Cueva de la Paloma

La construcción de este molino se encuentra referenciada en el Libro de Apeo y Repartimiento de 1572, sin descartarse un origen medieval (Pozo Marín y Rueda Cruz, 1989: 567). Su clausura es de fecha desconocida, aunque se estima que debió producirse entre los siglos XVII y XVIII, ya que no figura en el Catastro de Ensenada (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1752).

En la actualidad, el molino pertenece al término municipal de Bayarque. Sólo se conservan restos parciales de algunas paredes, el cubo y parte del caz.


Vista de la Cerrá con los restos del caz del molino. 27 de julio de 2021


Cubo del molino. 27 de julio de 2021


Cubo del molino y restos de pared. 27 de julio de 2021

Almazara de Jerónima de Torres


La almazara se encuentra situada en la calle del Pilar de Bayarque.

Sus orígenes son inciertos. Aunque Diego Mirallas data su construcción en época islámica (Mirallas Jiménez, 2010: 132), no hay evidencias arqueológicas ni documentales que respalden esta afirmación. Las primeras referencias a la tradición oleícola bayarquina las encontramos a mediados del siglo XVIII en el Catastro de Ensenada (AHPAL, Catastro de Ensenada, RRGG, 1751; AHPGR, Catastro de Ensenada, Estados, 1751).

La industria, que perteneció a Manuel de Torres Rodríguez (Riera Somalich, 1911: 358) y posteriormente a Jerónima de Torres y otros (Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1947: 4; Boletín Oficial de la Provincia de Almería, 1969: 1), contaba con un empiedro con una piedra troncocónica, movido por tracción animal, y una prensa de hierro fundido.

Su actividad se mantuvo hasta 1992, fecha de su cierre definitivo (Mirallas Jiménez, 2010: 132).

En la actualidad, la almazara de Bayarque se encuentra en un estado inmejorable de conservación gracias a sus propietarios, que la mantienen prácticamente intacta, siendo un ejemplo de preservación de estas antiguas industrias oleícolas en la Comarca del Almanzora.

Conclusiones

El análisis historiográfico de los molinos y almazaras de Bayarque permite apreciar la profunda vinculación de estas infraestructuras con la evolución económica, tecnológica y social del municipio y del conjunto del Valle del Almanzora. Desde el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XX, los ingenios hidráulicos y oleícolas constituyeron el eje productivo de la economía local, actuando como intermediarios esenciales entre la agricultura y el consumo doméstico.

Las fuentes documentales más antiguas, como el Libro de Apeo y Repartimiento de 1572, evidencian la existencia de un entramado industrial notable, con seis molinos harineros y dos hornos de pan. Esta densidad de instalaciones refleja la importancia del cereal y del pan como bases de la dieta tradicional. Sin embargo, el progresivo descenso en el número de molinos a lo largo de los siglos manifiesta una clara tendencia regresiva asociada a cambios demográficos, estructurales y productivos.

Durante la Edad Moderna, la propiedad de los molinos aparece estrechamente ligada tanto a particulares como a instituciones eclesiásticas, lo que denota el papel de la Iglesia en la gestión de los recursos hidráulicos y agrarios. El caso del molino de Abajo, propiedad de Pedro Juan Mirallas, ilustra este vínculo entre clero y producción alimentaria. Al mismo tiempo, la documentación del Catastro de Ensenada revela un sistema económico diversificado, en el que coexistían actividades molineras, oleícolas, vinícolas y panaderas, conformando un tejido agroindustrial integrado.

En el siglo XIX, pese a un leve repunte en el número de molinos, la actividad mantuvo un carácter esencialmente artesanal. La modernización técnica solo se generalizó en la etapa final del siglo, como demuestra el Molino de la Cerrá, ejemplo singular de innovación en el medio rural por su capacidad para accionar dos piedras con un solo rodezno. Este molino, al igual que otros de la zona, protagonizó posteriormente la transición hacia la generación de energía eléctrica, fenómeno que marcó el fin de los usos tradicionales del agua y el inicio de la electrificación local.

Durante el siglo XX, la coexistencia de molinos hidráulicos, almazaras y hornos de pan evidencia la persistencia de un modelo productivo de base agrícola, aunque progresivamente condicionado por los avances tecnológicos y por la integración de Bayarque en circuitos energéticos y económicos más amplios. La reconversión del molino de Esteban Teruel en pequeña central hidroeléctrica en la década de 1930 simboliza esta adaptación. No obstante, el cierre progresivo de las instalaciones, culminado con el cese del último molino en los años sesenta y de la última almazara en 1992, marcó el final de una etapa histórica caracterizada por la autosuficiencia local y la economía de subsistencia.

En la actualidad, los restos materiales conservados (en especial el Molino de la Cerrá, incluido en la Lista Roja del Patrimonio, y la almazara de Jerónima de Torres, en excelente estado de conservación) representan valiosos testimonios de la arqueología industrial del sureste peninsular. Su estudio y preservación resultan fundamentales para comprender la evolución de las tecnologías preindustriales y su papel en la configuración del paisaje cultural bayarquino.

En suma, la historia de los molinos y almazaras de Bayarque constituye un ejemplo paradigmático de la transformación de las economías rurales mediterráneas: desde un modelo hidráulico y comunitario hasta su progresiva sustitución por sistemas energéticos modernos, dejando tras de sí un legado patrimonial de indudable valor histórico, técnico y cultural.

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Créditos fotográficos
  • [FOTOGRAFÍAS]: Archivo Gráfico de la Sociedad de Estudios Históricos "María Navarro Encinas" / José Antonio Serrano Navarro.

Un artículo de José Antonio Serrano Navarro

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